El desbloqueo de los presupuestos de Catalunya apuntala la legislatura de Illa

El acuerdo presupuestario entre el Govern y ERC no es solo un pacto económico. Es, sobre todo, un acuerdo político de supervivencia para toda la legislatura. Tras meses de bloqueo, negociaciones tensas y presión interna en ambos partidos, Salvador Illa logra acercarse por primera vez a unos presupuestos propios que le permitirían dejar atrás definitivamente la prórroga heredada de 2023 y estabilizar su mandato hasta 2028.

Salvador Illa y Oriol Junqueras firmando el acuerdo de presupuestos
photo_camera Salvador Illa y Oriol Junqueras firmando el acuerdo de presupuestos

El pacto gira alrededor de cinco grandes ejes: financiación, infraestructuras, vivienda, fortalecimiento institucional y blindaje político del bloque PSC-ERC-Comuns.

1. La financiación singular vuelve al centro del tablero

La pieza más sensible del acuerdo vuelve a ser la financiación catalana. ERC consigue que el Govern y el Estado asuman el compromiso de trabajar para que Catalunya pueda gestionar la recaudación del IRPF a partir de 2027 mediante una ampliación progresiva de capacidades de la Agència Tributària de Catalunya. Para ello se prevé una inversión superior a 500 millones en cuatro años destinada a modernizar y ampliar la estructura tributaria catalana. En concreto se habla de 527 millones.

Aunque el calendario inicial pactado en la investidura no se cumplirá, los republicanos venden el acuerdo como un avance hacia una mayor soberanía fiscal. El Govern, por su parte, evita hablar de concierto económico y prefiere presentar la reforma como un “modelo de financiación reforzada” dentro del marco autonómico.

2. La línea orbital ferroviaria se convierte en símbolo político

La gran infraestructura estrella del acuerdo es la línea orbital ferroviaria. El proyecto prevé una conexión de unos 120 kilómetros alrededor de Barcelona uniendo ciudades como Mataró, Granollers, Sabadell, Terrassa, Martorell o Vilanova sin pasar por la capital catalana.

Más allá de la movilidad, la línea orbital tiene un enorme valor político. ERC la utiliza para exhibir capacidad de negociación, el PSC la vende como proyecto vertebrador de país y ambos partidos intentan responder al desgaste provocado por el caos constante de Rodalies.

La obra, sin embargo, tiene un horizonte larguísimo —2040 aproximadamente— y un coste estimado superior a 5.200 millones de euros. Con el añadido de que 68 de los 120 kilómetros ya están en funcionamiento….

3. Vivienda: la carpeta decisiva para convencer a los Comuns

El Govern sabe que ERC no basta. Para aprobar definitivamente las cuentas necesita también a los Comuns. Y ahí la vivienda se convierte en la gran moneda de negociación. Las conversaciones incluyen: inversiones millonarias en rehabilitación, ampliación del parque público, ayudas al alquiler, endurecimiento contra el fraude en alquiler temporal y nuevos mecanismos de inspección y control.

Los Comuns presionan además para elevar el gasto total en vivienda hasta 2.500 millones durante la legislatura y reclaman una política mucho más agresiva contra la especulación inmobiliaria. En realidad, el verdadero cierre presupuestario depende todavía de este último encaje político.

4. Más autogobierno sin volver al choque independentista

Otro aspecto importante del acuerdo es el cambio de tono político respecto al pasado procés. ERC prioriza ahora el pragmatismo institucional: más competencias, más capacidad fiscal, más gestión propia y más inversión estructural. Pero todo ello sin regresar al conflicto que produce “la unilateralidad”.

Eso permite a Illa presentarse como el president capaz de “normalizar” la política catalana mientras ERC intenta justificar ante su militancia el apoyo estable a un Govern socialista. En cualquier caso, la negociación deja claro además que el independentismo institucional ha sustituido la confrontación por la presión negociadora permanente sobre Madrid.

5. Los presupuestos son en realidad un pacto de legislatura

La lectura política de fondo es probablemente la más importante. El acuerdo no se limita a aprobar unas cuentas públicas. Lo que realmente se está construyendo es una mayoría de estabilidad para toda la legislatura.

Illa necesita aprobar sus primeros presupuestos, consolidar autoridad política y evitar la imagen de debilidad parlamentaria. ERC necesita demostrar utilidad política, exhibir logros concretos y recuperar perfil de gestión tras años marcados por el desgaste del procés.

Y los Comuns buscan condicionar la agenda social, especialmente en vivienda, transporte y servicios públicos.

Por eso el acuerdo tiene una dimensión mucho más profunda que unas simples cuentas autonómicas.

6. Junts queda fuera del nuevo bloque político

El gran damnificado del acuerdo es Junts. El partido de Puigdemont denuncia que ERC ha pasado “de la soberanía fiscal a la línea orbital”, acusando a los republicanos de abandonar la confrontación independentista para convertirse en socios estructurales del PSC.

El pacto confirma algo políticamente relevante: la mayoría parlamentaria catalana ya no gira alrededor del procés ni del ocupante de la casa de Waterloo.