Ambas decisiones se presentan oficialmente como una apuesta para derrotar a Isabel Díaz Ayuso. Sin embargo, resulta inevitable preguntarse si detrás de este relato épico no se esconde una realidad mucho más prosaica: la constatación de que las próximas elecciones generales pueden convertirse en un auténtico campo de minas para la izquierda alternativa al PSOE.
No deja de ser llamativo que dos de las figuras más relevantes de sus respectivos espacios políticos renuncien a competir por el liderazgo nacional para buscar acomodo en la política autonómica madrileña. Tradicionalmente, el recorrido político se planteaba al revés: de las autonomías hacia el Congreso o hacia el Gobierno de España. Hoy parece que algunos dirigentes consideran más seguro el camino contrario.
La explicación oficial habla de convertir Madrid en el gran campo de batalla ideológico frente al modelo de Ayuso. Pero también podría interpretarse como una forma de asegurar supervivencia política en un contexto donde Podemos sigue luchando por evitar la irrelevancia electoral y donde Sumar y sus distintas marcas territoriales atraviesan una evidente crisis de liderazgo y proyecto.
La historia reciente ofrece además un precedente inevitable. En 2021, Pablo Iglesias abandonó la vicepresidencia del Gobierno para intentar salvar a Podemos en Madrid. La operación terminó con su retirada de la política y con la desaparición posterior del partido de la Asamblea madrileña. Hoy Belarra parece dispuesta a recorrer un camino similar, aunque las circunstancias sean distintas.
Madrid se ha convertido en el gran símbolo político de España. Quien gana allí adquiere proyección nacional. Pero también es un territorio extremadamente exigente para la izquierda, especialmente cuando compite fragmentada y con liderazgos cada vez más desgastados.
Quizá Belarra y García crean sinceramente que pueden desalojar a Ayuso de la Puerta del Sol. O quizá simplemente hayan llegado a la conclusión de que las perspectivas en unas futuras elecciones generales son mucho más sombrías de lo que públicamente reconocen y buscar acomodo con sueldo en la Comunidad de Madrid es más sencillo presentándose a unas autonómicas que a unas generales.