El ayuntamiento de Granollers se inventa el trazado de la muralla para que el plano quede bonito

La reciente intervención urbanística, realizada por el Ayuntamiento de Granollers, sobre el pavimento del núcleo antiguo ha encendido las alarmas, sobre todo en aquellos que ponen por encima de lo “bonito” el rigor histórico. Bajo el pretexto de embellecer el espacio público y recuperar la memoria de la ciudad, nos encontramos ante una preocupante tergiversación de la realidad que atenta contra el rigor histórico y arqueológico que se le presupone a una administración pública.

Cómo era y cómo se ha pintado la muralla
photo_camera Com era i com s'ha pintat la muralla

El trazado en color que luce actualmente el suelo urbano pretende simular el recorrido de la antigua muralla medieval mediante una perfecta y pulcra línea recta. Sin embargo, cualquier análisis elemental de la documentación fotográfica disponible desmiente por completo esta disposición. La fotografía histórica en blanco y negro del archivo nos demuestra, de forma irrefutable, cuál era el verdadero trazado de la fortificación en este punto concreto. Un tramo irregular que triangulaba de forma clara desde la histórica Casa dels Tagamanent, actual calle San Roc, hasta la Torre Rodona. En ningún caso la muralla avanzaba de forma recta ni paralela a las fachadas actuales.

Además, los propios paneles informativos instalados por el consistorio, bajo el título “La muralla del Rei Pere III”, contradicen de manera patente la simplificación lineal que se ha dibujado en el suelo. Según detalla la información oficial, la construcción de este sistema defensivo de importancia clave se inició formalmente en el siglo XIV, gracias al privilegio de 1366 otorgado por el infante Joan (hijo de Pere III), autorizando a recaudar impuestos específicos (talles) para financiarla. Este complejo defensivo no se diseñó con tiralíneas. Su arquitectura de defensa y vigilancia, que constaba de bestorres (torres abiertas por dentro) estratégicamente distribuidas, se proyectó de forma irregular para “aprovechar la topografía del terreno como un recurso más de defensa”. Es decir, la muralla histórica se adaptaba de manera sinuosa y accidentada al relieve de la villa medieval.

El caso de la Torre Rodona es todavía más ilustrativo del nulo respeto por la cronología y la geometría histórica de la obra. Tal como explican los textos informativos municipales, esta torre es una “intervención posterior a la torre original, datada entre la segunda mitad del siglo XV y la primera del XVI”. Al ser un refuerzo defensivo de una época distinta, su encaje con el lienzo de la muralla original creaba necesariamente ángulos y quiebros característicos de la arquitectura militar de transición, no la dócil línea recta y paralela a los edificios actuales que el Ayuntamiento ha decidido pavimentar de forma errónea y ficticia.

Parece que lo que vemos hoy en las calles no tiene absolutamente nada que ver con la realidad histórica. Se han inventado un trazado que jamás existió con el único fin de encajarlo en la estética del diseño moderno. Porque según lo que vemos en la fotografía en blanco y negro, esta triangulación de la muralla se parece a lo que se conoce como baluarte, popular en el siglo XVI. Con lo cual, al construirse la Torre Rodona es muy probable que se modificara la muralla.

El controvertido trazado de la muralla de Granollers
El controvertido trazado de la muralla de Granollers

Este flagrante e indiscutible error plantea interrogantes sumamente serios sobre los criterios técnicos avalados por las concejalías de Urbanismo y Patrimonio. Cuando un ayuntamiento decide ignorar las evidencias arqueológicas y sus propias explicaciones históricas para imponer un trazado ficticio, simplemente porque resulta visualmente más simétrico o integrador con el pavimento contemporáneo, desvirtúa la esencia misma de la conservación. El urbanismo tiene el deber de adaptarse al patrimonio, jamás el patrimonio debe ser falseado para complacer una preferencia de diseño formal.

La gravedad de esta actuación radica en el peligroso precedente que sienta y en la desinformación que genera en la ciudadanía. Si en este tramo específico se ha optado por el simulacro y la invención, resulta inevitable que la población dude de la autenticidad del resto de señalizaciones del municipio. ¿Es real el resto de la muralla recuperada, o estamos ante otro invento meramente ornamental del Ayuntamiento?

La historia de Granollers merece ser contada con el rigor que avalan los siglos y los restos documentales, no a través de soluciones de conveniencia que sacrifican la verdad histórica en favor del impacto visual. Modificar los ángulos defensivos del pasado para que luzcan mejor en una remodelación actual es un menosprecio hacia la memoria colectiva. Es urgente exigir una rectificación pública y la reparación de un error que, lejos de honrar nuestro pasado medieval, lo difumina y lo convierte en un decorado de ficción.

Una solución sería, y no entendemos como a nadie se le ocurrió, es dejar al descubierto el trazado de la muralla. La fotografía en blanco y negro es clara. No sería fácil, y más en una calle sin tráfico, reproducir la fotografía y devolver una memoria a la ciudadanía. Hay una parte del patrimonio de Granollers bajo tierra, si es que aún existe y a nadie, en un tiempo pasado, se le ocurrió arrasar con ella. Sacarla a la luz sería un acto de honestidad institucional y, por derivada, dar marcha atrás a una actuación bonita en pos de la realidad histórica.

César Alcalá - Historiador -