Un importante brote pone en jaque al sector y a las autoridades

La peste porcina africana regresa a Cataluña

Este noviembre de 2025 pasará a la historia del agro español: la Peste Porcina Africana —una enfermedad animal considerada erradicada en España desde 1994— ha reaparecido con fuerza en la sierra de Collserola (Barcelona). La detección de varios jabalíes muertos infectados ha activado el protocolo de emergencia, provocando una crisis sanitaria, económica y social cuyas consecuencias podrían extenderse durante meses.

Peste porcina detectada en jabalís en la Sierra de Collserola (Barcelona)
photo_camera Pesta porcina detectada en senglars en la Serra de Collserola (Barcelona)

¿Qué es la PPA y por qué su reaparición preocupa tanto?

La Peste Porcina Africana es una enfermedad vírica altamente contagiosa para los cerdos domésticos y los jabalíes —pero no es zoonótica: no infecta a humanos. El virus causa mortalidad casi total (hasta el 100 %) en poblaciones infectadas, y no existe vacuna eficaz en la actualidad.

En 2025, tras décadas libres de casos, la Generalitat notificó al Gobierno central la aparición de dos jabalíes muertos con resultado positivo en Bellaterra, Cerdanyola del Vallès (Barcelona). Desde entonces, se han confirmado al menos seis animales muertos por PPA en Collserola, y se investigan más hallazgos.

La reaparición no es anecdótica: tiene implicaciones de gran calado. El virus se expandió por Europa del Este, Asia y África, y en los últimos años ha circulado con brotes periódicos, pero España había permanecido libre durante más de 30 años.

Impacto en Cataluña: medidas, economía y sector porcino bajo mínimos

Ante los primeros casos, la administración catalana ha establecido perímetros de protección alrededor del foco: una zona de 6 km con acceso restringido y otra de 20 km con limitación de actividades al aire libre, excusado solo lo esencial. Además, se han inmovilizado explotaciones porcinas en un radio cercano al foco: 39 granjas de producción/reproducción han quedado bajo vigilancia y cese de movimientos.

Cataluña concentra un número importante de explotaciones porcinas, y la industria del cerdo es clave para su economía agroalimentaria. El riesgo de que el virus salte de jabalíes a cerdos domésticos es alto y, si ocurriera, podría desencadenar un desastre productivo.

Localización de los dos focos detectados de Peste Porcina en Barcelona (satélite)
Localización de los dos focos detectados de Peste Porcina en Barcelona (satélite)

Tras la confirmación del brote, el Gobierno notificó que se han bloqueado un importante número de certificados sanitarios de exportación de carne de cerdo hacia países fuera de la Unión Europea. Países como Japón, México y Reino Unido han suspendido compras a España; algunas regiones, como China, han restringido las importaciones procedentes de la provincia de Barcelona. El impacto económico podría ser severo, en un sector que factura miles de millones de euros al año.

El vector principal de esta reaparición es la fauna silvestre —jabalíes—, cuya circulación cerca de zonas agrícolas o urbanas representa un riesgo creciente. El hecho de que los casos detectados estén en Collserola, un espacio natural muy próximo a áreas densamente pobladas, eleva la alarma. La Generalitat, por su parte, ha alertado a la ciudadanía de extremar la bioseguridad, evitar residuos de comida en entornos rurales y respetar los perímetros fijados.

Origen posible del brote y factores de riesgo

El virus de la PPA es endémico en muchas zonas de África, y desde 2007 ha dado saltos a Europa del Este, Rusia y Asia. Su propagación en 2025 hacia España sigue la tendencia de expansión del virus por Europa.

Las hipótesis de cómo ha llegado a Cataluña incluyen:

  • Transporte de carne o productos infectados.
  • Movimientos de personas o vehículos procedentes de zonas afectadas.
  • Circulación de jabalíes migratorios o desplazados por cambios en el hábitat.

La densidad de población de jabalíes, junto al contacto con explotaciones porcinas y la mezcla entre fauna salvaje y doméstica, vuelve especialmente vulnerable a zonas como Collserola.

La detección ha activado los protocolos nacionales y autonómicos: controles en granjas, vigilancia de fauna silvestre, inmovilización de explotaciones, cierres de zonas naturales, restricción de movimientos, etc.

El Gobierno central y la administración catalana han apelado a la bioseguridad, la colaboración ciudadana y la prudencia. Pero también han reconocido que la gestión será larga y compleja, y que “el impacto económico será grande”.

Localización de los dos focos detectados de Peste Porcina en Barcelona
Localización de los dos focos detectados de Peste Porcina en Barcelona

Qué hay que vigilar: escenarios de riesgo

  1. Que el virus salte de la fauna salvaje a explotaciones domésticas.
    Si llegara a una granja de cerdos, puede desencadenar mortalidad masiva, sacrificios sanitarios y un colapso de la producción en la zona.
  2. Que las exportaciones no puedan recuperarse pronto.
    El bloqueo de certificados y la pérdida de mercados exteriores podría provocar pérdidas graves en la economía del sector porcino catalán y español.
  3. Que la enfermedad se consolide en ecosistemas silvestres cercanos a núcleos urbanos.
    En ese caso, el control se vuelve mucho más complicado: implicaría vigilancia continuada, limitaciones a la caza, la movilidad, y un fuerte impacto sobre la fauna y el turismo rural.
  4. El coste social y ambiental.
    Restricciones de acceso a espacios naturales, suspensión de actividades de ocio, y riesgo económico para pequeñas explotaciones y familias vinculadas al ámbito rural.

Un reto estructural para Cataluña y España

La reaparición de la Peste Porcina Africana en Cataluña es mucho más que una alerta sanitaria: es un aviso a gran escala sobre la fragilidad del modelo de producción porcina frente a enfermedades virales, la vulnerabilidad ante la fauna salvaje y los riesgos de la globalización y los movimientos de personas y mercancías.

El sector cárnico se enfrenta hoy a su prueba más grave en décadas; las autoridades deben aunar rigor, transparencia y recursos para contener el brote, aislar los focos y proteger granjas y ecosistemas. Pero, sobre todo, la crisis actual exige algo que trasciende lo técnico: una reflexión sobre la sostenibilidad, la bioseguridad y la coexistencia entre actividad humana y naturaleza en un territorio como Cataluña, donde lo rural y lo urbano conviven al límite.

En los próximos días sabremos si este brote se erradica con rapidez —como en 1995— o si, por el contrario, deja una huella duradera en el modelo agroalimentario español. De momento, el virus exige prudencia, vigilancia… y un compromiso colectivo.

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