Presupuesto: Junqueras, 1 – Illa, 0

La retirada del proyecto de presupuestos de la Generalitat abre un nuevo escenario político en Cataluña que, lejos de interpretarse únicamente como un bloqueo, puede leerse también como una jugada estratégica con claros beneficiarios. Entre ellos, destaca Oriol Junqueras, quien parece haber encontrado en este impasse una oportunidad para reposicionarse y ganar margen de negociación en un momento clave. 

Pedro Sánchez y Oriol Junqueras,  en La Moncloa
photo_camera Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, en La Moncloa

En el corto plazo, la caída de las cuentas permite a Junqueras reforzar su perfil como actor imprescindible. Al evitar un apoyo automático, ERC se sacude la imagen de socio complaciente y recupera capacidad de presión tanto en Cataluña como en el tablero estatal. La decisión no solo interpela al Govern, sino que también envía un mensaje al PSOE: sin concesiones tangibles, no hay estabilidad garantizada.

Sin embargo, la verdadera partida se juega a medio plazo. Si las negociaciones se reactivan en los próximos meses —como todo apunta—, el contexto político habrá cambiado sustancialmente. Para junio, los socialistas previsiblemente habrán superado el ciclo electoral en otras comunidades autónomas, liberándose de las cautelas que ahora condicionan su margen de maniobra. Sin esa presión, el temor es que el PSOE podría permitirse ofrecer concesiones más ambiciosas a sus socios catalanes.

Es ahí donde emerge la clave del movimiento actual. Junqueras estaría apostando por retrasar el acuerdo para negociar en mejores condiciones. No se trataría solo de arrancar compromisos más visibles, sino también de obtener avances en materias sensibles —como la financiación autonómica— que, aunque no se presenten formalmente como una cesión del IRPF, se le aproximen en la práctica. Cambios en la capacidad de gestión, mayores porcentajes de recaudación o mecanismos de compensación podrían configurar un paquete que, sin alterar el marco nominal, modifique sustancialmente la realidad financiera de Cataluña.

Esta estrategia, no obstante, entraña riesgos. El desgaste institucional derivado de la prórroga presupuestaria y la percepción de inestabilidad pueden pasar factura. Además, no está garantizado que el PSOE, incluso sin presiones electorales, esté dispuesto a cruzar determinadas líneas rojas. La negociación será compleja y estará condicionada por equilibrios internos y externos.

Y precisamente en el PSOE, o en su sucursal catalana denominada PSC, es donde está la “patata caliente” de verdad. Porque si hay que ser sinceros la única consecuencia directa de la retirada del presupuesto 2026 de la Generalitat es la victoria, momentánea pero victoria, de Junqueras respecto a Salvador Illa, quien ha quedado muy mal parado y sin argumentos de peso que esgrimir, salvo los consabidos “por el bien de los catalanes, etc. etc..”.

Que Illa contaba con el apoyo de Sánchez y su equipo ministerial para lanzar el órdago de “o hay presupuesto o hay elecciones” a Junqueras lo saben hasta los conserjes del gimnasio de la esquina. Pero quizás lo que no sabe esta buena gente es que Pedro Sánchez le ha retirado su ok a última hora por miedo a que su ministra María Jesús Montero se estrelle en Andalucía y pierda el mayor y único caladero de votos socialista que le queda en España, junto a Cataluña.

Aun así, en el balance provisional, Junqueras parece haber movido ficha con habilidad. Ha convertido una aparente derrota —la falta de presupuestos— en una palanca para reabrir el diálogo en términos potencialmente más favorables. Por el momento, en el descanso de este largo partido, existe un claro resultado: Junqueras, 1 – Illa, 0