Suerte que los allí presentes nos calentamos, al margen del partido, comentado la jugada de poder asistir, en vivo y en directo si los acontecimientos no lo impiden, a la primera confrontación electoral para elegir presidente (o presidenta) en los ochenta y un años de Historia del Balonmano Granollers.
Que si el presi actual dice, como Joe Rígoli hace unos años, “yo, sigo”, con los pocos miembros de la junta actual a su lado. Que si un grupo de socios y socias está consultando las estrellas para consolidar una candidatura potente llena de exdirectivos, empresarios de éxito, emprendedores, exjugadores pero, todos ellos, gente de “la casa” de toda la vida.
Por supuesto, no hubo gradería, pasillo ni trocito del Bar del Palau en el que no se comentara la jugada y se especulara al respecto. Señal inequívoca de que la posible explosión de democracia interna, tras 81 años de “sálvese quien pueda” o listas teledirigidas unitarias, interesa y mucho al socio y aficionado al Balonmano Granollers. Y no les digo nada a los periodistas como yo que hemos encargado baberos nuevos para asistir al espectáculo. Como al final sólo se presente una candidatura nos tiramos de los pelos, al menos, de los pocos que nos quedan.
En fin, que nos habíamos puesto delante del portátil para explicarles un partido de balonmano y estamos hablando de política en un Club de balonmano. Pero eso es lo que tiene la actualidad. Porque si algo debemos decir del partido es que duró 30 minutos: su primera parte. Allí en donde el Granollers salió entre adormilado y “fredolic” y le costaba meter un gol en la portería contraria, aunque hoy hubiera tenido el tamaño de un arco iris.
Entre eso y regalar la pelota a los rivales la cosa llegó a ponerse 5 abajo desde muy temprano: 1-6, 2-7, 3-8, 5-10, 6-11, 7-12 y 8-13 a los 23 minutos. A partir de allí Antonio Rama consiguió despertar a sus chicos, hacerles algo más fuertes en defensa y, con la incorporación de los refrescos juveniles y la entrada de Luka Krivokapic en la portería (casi 60% de efectividad al final del partido), dar la vuelta al match tomando la iniciativa en ataque y consiguiendo el primer empate con el resultado de 13-13 con el que se alcanzó el merecido descanso.
Tras la reanudación y, al contrario de lo que suele a ocurrirle a este equipo en las segundas partes, los jugadores del conjunto catalán tomaron la iniciativa en el marcador y, como martillo pilón, marcaron el ritmo de partido y en el marcador. Minuto a minuto fueron ampliando la diferencia hasta alcanzar los ocho goles (28-20), tres minutos antes de acabar el partido. El Villa de Aranda, al contrario de lo que demostraron en la primera parte: contundencia, velocidad, potencia defensiva y buenas ideas ofensivas; en la segunda parte se mostraron totalmente desconcertados, amembrillados y carentes de fuerza y motivación. Vamos, como el Granollers treinta minutos antes.
Ahora, en prácticamente 48 horas, los chavales de Antonio Rama se van a enfrentar al partido más trascendental de lo que llevamos de temporada, donde se juega seguir adelante en la competición europea o quedarse en casa viéndolo por la tele. El martes, a las 20,45 en el Palau Olímpic de Granollers, los vallesanos se juegan ante el Baia Mare rumano el todo o la nada.
Pase lo que pase, la temporada que están haciendo los chicos de Antonio Rama es para enmarcar. A pesar de las faltas de jugadores clave, a pesar de las lesiones, a pesar de la extremada juventud y bisoñez, siempre dan la cara y luchan hasta el final. Estos chicos se merecen un monumento y llenar el martes el Palau para darles alas, sin necesidad de Red Bull.