Prat no fue únicamente un extraordinario jugador. Fue el símbolo de una generación irrepetible que situó el nombre de Granollers en la élite del balonmano europeo. La imagen del capitán levantando la Recopa en el viejo Parquet forma parte del patrimonio sentimental de la ciudad y del deporte español, una fotografía que medio siglo después continúa emocionando a quienes vivieron aquella hazaña y a quienes la han conocido gracias al legado del club.
Quienes compartieron vestuario con él siempre destacaron su liderazgo, su compromiso y su profundo amor por unos colores que defendió durante toda su carrera. Mientras otros emprendían nuevos caminos, Miquel Prat eligió permanecer fiel al BM Granollers, convirtiéndose con el paso del tiempo en una referencia para generaciones de jugadores y aficionados. Su trayectoria le situó entre los deportistas más laureados de la historia de la entidad.
Con su marcha desaparece uno de los últimos grandes protagonistas de aquella generación dorada que escribió una de las páginas más brillantes del deporte catalán. Pero las leyendas nunca se marchan del todo. Permanecen en los recuerdos, en las fotografías, en los trofeos y en la memoria colectiva de una ciudad que siempre encontrará en Miquel Prat un ejemplo de entrega, humildad y grandeza deportiva.
Hoy, Granollers no solo pierde a un histórico jugador de balonmano. Pierde a uno de sus grandes referentes. Descansa en paz, capitán.