En un momento en el que con demasiada frecuencia se insiste en que la juventud ha perdido la cultura del esfuerzo, que vive pendiente de la inmediatez o que carece de referentes sólidos, estos jóvenes futbolistas han demostrado exactamente lo contrario. Han enseñado que el talento sigue siendo importante, pero que sin disciplina, sacrificio, trabajo diario y capacidad para superar las dificultades no se alcanza la cima.
Ninguno de ellos ha llegado hasta aquí por casualidad. Detrás de cada convocatoria hay miles de horas de entrenamiento, incontables renuncias personales, años de formación en clubes modestos y profesionales, derrotas que enseñaron más que muchas victorias y una ilusión capaz de sostenerles durante más de cuarenta días lejos de sus familias para perseguir un único objetivo: ser campeones del mundo. Ese es, probablemente, el mayor triunfo que puede dejar esta selección.
España necesita referentes. No solo en el deporte, sino en la vida. Necesita jóvenes que demuestren que el éxito continúa siendo posible cuando se combina el talento con el esfuerzo. Necesita recordar que las metas importantes nunca llegan por atajos, sino tras años de preparación, compromiso y constancia.
Esta selección representa precisamente esos valores. Ha demostrado personalidad en los momentos difíciles, compañerismo cuando el equipo estaba por encima de cualquier individualidad y una madurez impropia de muchos de sus protagonistas, algunos de ellos ni llegan a los veinte años.
Su victoria debería servir para algo más que celebrar un título. Debería convertirse en un mensaje de confianza hacia toda una generación de españoles que estudia, trabaja, investiga, emprende, compite o intenta abrirse camino en circunstancias muchas veces más complejas que las de sus padres.
Porque la juventud española está preparada para hacer grandes cosas. Lo demuestra en la ciencia, en la empresa, en la cultura, en la investigación, en el deporte y también en tantos ámbitos que rara vez ocupan los titulares. Lo único que necesita esta juventud es que la sociedad crea en ella, le ofrezca oportunidades y le permita demostrar de qué es capaz.
Las generaciones que hoy ocupan las responsabilidades políticas, económicas y sociales tienen el deber de abrir ese camino. De dar espacio a quienes vienen detrás para que aporten nuevas ideas, nuevos proyectos y nuevas formas de afrontar el futuro.
Si España no sólo conquista este Mundial. España ha ganado una generación que ha decidido creer en el trabajo bien hecho. Y habrá ganado un país que necesita volver a confiar en el enorme potencial de sus jóvenes.
Gracias por recordarnos que el futuro ya está aquí. Que existe una juventud preparada, comprometida y capaz de alcanzar cualquier meta que se proponga.