Y es que ver fluir en un mismo grupo y un mismo afán a navarros, vascos, catalanes, canarios, valencianos, castellanos, andaluces, extremeños..., es una gozada.
Ello demuestra la máxima de Luis de La Fuente: "Juntos, somos más fuertes". Y si a eso añadimos lo de: "Remando juntos, hacia un mismo objetivo", los españoles somos imparables. Lo hemos demostrado en la historia y en eventos internacionales, como por ejemplo, el año olímpico.
Quizás lo que más me sorprendió y alegró fue que la gente de la calle sacó sus banderas nacionales y gozó con ellas. Por así decirlo, "salió del armario" en su muestra de hispanidad. Eso es complicado aquí, en Cataluña y en Euskadi (en este caso aún lo es más como se vio con los altercados protagonizados por los pro-etarras en Bilbao y alguna que otra población) donde se pretende imponer el pensamiento único nacionalista. Quizás, siendo algo optimista, a partir de ahora esté más normalizado mostrar la enseña nacional sin tener que asumir el adjetivo de "facha" por llevarla.
Con lo que me quedo de todo lo ocurrido es que se ganó deportivamente, con calidad, con limpieza, con nobleza, mirando de cara al rival (deportivo) y demostrando que lo "cortés no quita lo valiente".
En definitiva, una victoria deportiva que puede dar más de sí, si se aprovecha bien. Y una victoria deportiva que es todo un ejemplo para nuestros dirigentes.