La capella de Santa Anna pasó de portal de muralla a refugio de libros

En el corazón del antiguo Granollers amurallado, donde hubo asedios y mercados, se levanta la capella de Santa Anna. Este lugar forma parte de la historia desde el punto de vista religioso y civil. Mientras el entorno se ha ido transformando con el paso de los años, la capella ha permanecido allí, inmutable, viendo pasar los acontecimientos. La capella esta situada en lo que antaño fue el portal de Caldes, cuando la ciudad estaba amurallada. Era una de las entradas principales a la ciudad. Por allí pasaba el camino que conectaba Mataró con Caldes de Montbui. Este era un eje vital para el comercio y la comunicación en la Cataluña medieval.

Capella de Santa Anna, el quarter al davant (avui Mercat de Sant Carles) i el carrer Santa Anna
photo_camera Capilla de Santa Anna, el cuartel delante (hoy Mercado de San Carlos) y la calle Santa Anna

Las construcciones y estructuras de defensa se mezclaban con aquellas que servían de fe y protección. Las capillas se erigían sobre los mismos portales de la muralla. Es como si los santos y santas fueran los últimos y primeros guardianes de la entrada a los portales. La antigua capilla de Santa Anna nació bajo esta premisa en el año 1563. Durante casi tres siglos la imagen de Santa Anna presidió el paso de viajeros y arrieros. Era símbolo de identidad para una zona que crecía a extramuros. Un raval que con el tiempo adoptaría el nombre de la advocación de su capilla. El 26 de julio, su festividad, el barrio se vestía de gala y, en un gesto profundamente humano y vinculado a la tierra, se colocaba en las manos de la santa el racimo de uvas más grande y hermoso de la cosecha.

En 1852 la necesidad de expandir las instalaciones militares, la antigua Caserna, sentenció a muerte el antiguo portal de Caldes y, con él la capilla. Fue un momento de tensión entre la modernidad y la tradición. El derribo no fue solo una cuestión de piedras, sino una pérdida de un espacio de memoria colectiva. La voluntad de los vecinos y el ayuntamiento no permitieron que la tradición desapareciera. En 1864 se decidió reedificar el templo en su emplazamiento actual, al lado de odnde se encontraba la construcción primitiva, aprovechando parte de los restos de la muralla medieval que aún se puede vislumbrar en la fachada que da al corredor de la Constancia.

Foto antiga de la Capella de Santa Anna
Foto antigua de la Capilla de Santa Anna

La arquitectura de la capilla hoy es reflejo de esa reconstrucción, marcada por la sencillez de la obra popular catalana. Se trata de un edificio modesto de planta baja y piso, cubierto por un tejado de teja árabe a dos vertientes desiguales. Su elemento más distintivo es el gran balcón con arco de medio punto que se abre hacia la plaza. Esta solución arquitectónica permitía a los fieles, en días de gran afluencia o durante festividades señaladas, seguir las ceremonias desde la calle, convirtiendo el espacio público en una extensión del templo. Sobre el tejado un sencillo campanario de espadaña completa una silueta que, a pesar de su pequeño tamaña, mantiene una dignidad histórica innegable.

A lo largo del siglo XX, la cercanía a la caserna militar, que fue utilizada como campo de concentración en la postguerra, la convirtió en un lugar demasiado cotidiano para muchas familias. La capilla permaneció como un observador silencioso de unos tiempos oscuros en los que el silencio era a menudo la única defensa. No fue hasta la década de 1970 y principios de 1980 cuando se recuperó el edificio. Un proyecto de restauración liderado por los arquitectos Andreu Bosch, Josep María Botey y Lluís Cuspinera devolvió el esplendor al espacio sagrado, ubicado en la planta superior, mientras se buscaba una funcionalidad moderna para el resto del inmueble.

Capella de Santa Anna, avui
Capilla de Santa Anna, hoy

La planta baja y el primer piso fueron transformados en una librería, un uso que vincula el recogimiento espiritual del pasado con la inquietud intelectual del presente. Con ello la Capella de Santa Anna dejó de ser solo un punto de oración, para convertirse en un centro cultural. Aunque los muros defensivos desaparecieron para dar paso a la ciudad moderna e industrial, la ubicación de Santa Anna marca el límite de lo que fue el recinto fortificado.

La plaza de la Caserna, que antes fue un espacio de disciplina militar, es hoy un lugar de encuentro marcado por la capilla y el mercado de San Carles. Actualmente es un Bien Cultural de Interés Local por su valor técnico y artístico. Esta capilla se levanta para recordar a los vecinos de Granollers que, en su momento, allí se levanto el portal de Caldes, cuando la ciudad estaba amurallada. Un recuerdo de un pasado que sigue vivo hoy en día gracias a su reconversión en librería.