Y si yo fuera asesor del Presidente, tendría que reconocer que la cosa se pone más que difícil. No se daba abasto con los asuntos judiciales que rodean a la familia, de sangre y política de Sánchez, en todos los ámbitos, cuando Zapatero, el último faro de una socialdemocracia a la deriva, la pifia -y, al parecer, bien pifiada- con el asunto de sus joyas no patrimonializables, categoría de nueva creación teórica que no parece tener mucho recorrido en la práctica y que va a suponer un punto sobre la i del caso Plus Ultra más que interesante.
Y, por si fuera poco con todo esto y a la espera de unos días de relax, que solo parece que vaya a disfrutar el namberguán en La Mareta, Marruecos decide mirar para otro lado mientras más de setenta mil personas vulneran su frontera para vulnerar después la nuestra en apenas unas horas de caos y una crisis internacional que Moncloa, pese a lo que seguimos viendo en televisión, ha dado por zanjada. Al menos con el país vecino, a quien, incluso, hemos elogiado no se sabe por qué y al que hemos agradecido tampoco se sabe qué.
Parece evidente que la labor encomendada a todo el que tiene algo que decir o algo que opinar fue la de enterrar y hacer olvidar rápidamente la noticia de lo que Sánchez calificó como, literalmente, “un ataque a la integridad territorial de España”. Pero siendo obvio que la definición pública oficial no es menor e irrelevante, no desde luego una simple metáfora, lo oportuno se convirtió en necesario y hubo que cambiar el registro. Y hay que reconocer que no ha estado mal la cosa, porque de una posible crisis con Marruecos hemos pasado a todo un encontronazo diplomático y político con Italia y a poner, de paso, en entredicho algún que otro valor de la Unión Europea.
Veamos. Si yo fuera asesor de Sánchez, y tirando de sus propias declaraciones, le aconsejaría invocar el tratado de la OTAN para que quede bien claro que España ha sido invadida por extranjeros (quiénes si no, si todos los “atacantes” procedían de otro país), violando nuestra integridad territorial (esto al menos es lo que dijo Sánchez literalmente, y no vamos a meternos ahora en matices o en que el Presidente cambie de opinión si no hay antecedentes de ello, digo yo…).
Pero si en la OTAN no tuvieran claro ese ataque contra la integridad territorial de España perpetrado, al parecer, masivamente por familias con menores, pobres desarrapados sin futuro en Marruecos y, por qué no decirlo, algún influencer magrebí que se grabó para sus redes y que ya ha vuelto a su casa en el país vecino, yo lo que le diría a Sánchez es que, visto lo visto, y a fin de cumplir con esa máxima de que, si no puedes con tu enemigo, únete a él, lo suyo sería ir incluso más allá de la reclamación de Vox de militarizar Ceuta y la frontera. Sí, hombre, si vas a sacar los tanques, hagámoslo del todo: invadimos nosotros Marruecos y se acabó el problema. Ponemos orden allí, cosa que parece que no es capaz de hacer el gobierno de Mohamed VI y terminamos con los problemas de fronteras. Seguro que los de Abascal se apuntan todos para librar esta nueva cruzada…
Y eso sí, claro, sigamos tirando de la cuerda y tensionando con la Italia de Meloni, para que los sectores de izquierdas nos vean siempre como el último bastión contra la ultraderecha europea. Y ahí muy bien esto de restablecer controles a los viajeros con pasaporte transalpino, sobre todo ahora que vienen a ponerse morados de discoteca y sangría en nuestros chiringuitos. Que, si ellos nos ponen problemas para ir a ver el Coliseo, pues nosotros les ponemos obstáculos para venir de tapeo.
Porque si hay algo que al Jefe le viene que ni pintado es que se hable de cualquier cosa menos de lo que pasa realmente. Ir más allá de lo que Vox pretende sería poco menos que una maravilla. Y que Italia se convierta en el nuevo enemigo, ahora que estamos lanzados en la lucha contra el fascismo rampante, todo un logro.
Y es que, al final, qué importa nada de lo que haya pasado o se haya dicho, que hayamos constatado por enésima vez que Marruecos nos toca las fronteras cada vez que la apetece, cuando le interesa y siempre que quiera mandarnos el recado de que ellos pueden abrir la puerta que nosotros no sabemos cerrar. Qué importan los hoy oficialmente ciento cuarenta y dos muertos, que organizaciones marroquíes elevan ya a casi doscientos. Qué importa que un Gobierno del PSOE ahora, pero como antes igualmente los del PP, siga sin saber cómo gestionar y llevar adelante las relaciones con un país vecino como Marruecos…
Qué importa todo eso si la mejor manera de asegurar que la final del Mundial de 2030 se juegue en España, no vaya a ser que Infantino renueve en la FIFA y termine por venderle la final de ese campeonato a Marruecos, es que Casablanca sea plaza más española que lo que su nombre indica.
Si yo fuera asesor de Sánchez, vería de ganarme bien el sueldo con este tipo de consejos, que no hay nada como una idea peregrina para alguien muy desesperado. Y qué importan, al fin y al cabo, las consecuencias si la política es ya todo circo…