Cuando P.S. quiso ser Fontanero

Hace más de tres lustros, un 2 de enero de 2011, Pedro Sánchez Pérez-Castejón celebraba que esas Navidades los periodistas parlamentarios le habían otorgado el premio “Diputado Revelación 2010”, cuando apenas llevaba un año en el Congreso. Sánchez hizo toda una declaración de intenciones con las dos frases destacadas que dejó en la entrevista publicada ese día en El País que le hizo Karmentxu Marín: “me gusta ser fontanero” y “que me quiten lo bailao”.

Pedro Sánchez, fontanero
photo_camera Pedro Sánchez, fontanero

Sánchez utilizó ya hace años el concepto de la fontanería aplicada a la política en el sentido más amplio de la palabra, el de los entresijos internos y las estrategias más allá de las negociaciones cuando surgen opiniones diferentes, y hasta alguna zancadilla cuando son necesarias para lograr un objetivo.  Sánchez, a quien ya identificaban los suyos como “Pedro el guapo” era un concejal madrileño que lograba un escaño en el Congreso de rebote, por la marcha de Pedro Solbes en septiembre de 2009. La misma manera, también de rebote, por la que llegó por primera vez en 2004 a ser concejal en Madrid, reemplazando a Enrique Barón al lograr éste un acta de eurodiputado y renunciar las dos mujeres candidatas de la lista del PSOE en la capital de España que le precedían. Y es que lo de los rebotes parece haber sido la mayor virtud de este canterano del Estudiantes que dejó los aros por las cañerías en busca de más amplios horizontes.

Sin embargo, la fontanería parece haberle dado la espalda a quien en su día llegó a afirmar en la entrevista referida de El País ser admirador de su entonces gran mentor en Ferraz: José ‘Pepiño’ Blanco, fontanero de fontaneros en la etapa de Zapatero y que supo, incluso, trasladar exitosamente la práctica de la profesión más allá del entorno de una formación política como el PSOE para convertirla en todo un modo de vivir del tráfico de determinadas influencias, algo que no necesariamente es siempre ilegal y delictivo, a condición de que no se traspasen algunas, también es verdad, muy difusas líneas.

La fontanería que decía Sánchez en 2011 aspirar a practicar como oficio y a dominar como arte es hoy, posiblemente, el mayor quebradero de cabeza de un Presidente del Gobierno que ve como sus fontaneros de cabecera (Santos Cerdán y Leire Díez, de momento y por lo que vamos sabiendo) no han estado a la altura de lo que debían. Porque el negocio ha quedado al descubierto con muchas y muy jugosas anotaciones en la agenda personal de la segunda de los citados, con referencias expresas a encuentros, incluso, con un tal “P.S.”, salvo que alguien nos convenza de que “P.S:” no es “Pedro Sánchez”, sino una referencia evidente, vaya usted a saber, a la incombustible Paloma San Basilio. No descarten nada, que de cosas más esperpénticas han intentado convencernos…

El caso de Leire ‘fontanera’ Díez es relevante, en todo caso, porque nos ofrece una imagen de alguien a quien ahora nadie conoce, con quien nadie se ha relacionado jamás, pero que ha demostrado una capacidad asombrosa para que todos se hayan hecho fotos con ella, le hayan dedicado mensajes en redes sociales durante años y, lo que hace patente lo incierto de ese si te he visto no me acuerdo, el que haya ocupado puestos en sendas empresas públicas, ENUSA y Correos, desde 2018 hasta 2023, en la primera como responsable de Comunicación y en  la segunda como Directora de Relaciones Institucionales. Y es que es evidente que llegar a estos puestos no es posible si no conoces a alguien o no te conoce alguien que puede darte el empujón.

Sin embargo, nadie conoce ya a Leire Díez, y nadie se ha relacionado nunca con la fontanera de Ferraz: esa abnegada militante, ahora de baja circunstancial, socialista que afirma haberse entregado en cuerpo y alma, por pura devoción y para documentar un libro que, seguramente, ella nunca escribirá, a la defensa de Sánchez y su entorno no solo político, sino incluso personal y familiar. Y esto sin esperar nada a cambio, siquiera el reconocimiento por su labor, dado que si nadie lo sabía y nadie esperaba nada de ella, difícil será que ahora nadie mueva un dedo por defenderla. Aunque más difícil va a ser que nos convenzan de lo inocuo de las más de una y, posiblemente, más de dos, conversaciones que ha podido tener toda una Directora General de la Guardia Civil con alguien que tenía como misión fundir, literalmente, a mandos subordinados de la misma pertenecientes a la UCO, o que ha podido acceder al entorno, cuando menos, del que fuera Fiscal General del Estado, vergonzoso aspirante hoy a indulto rateril.

Si Sánchez se declaraba en su día aficionado y aspirante en temas de fontanería, de cuyo dominio magistral seguramente nos ha dado muestras más que suficientes en estos últimos años desde La Moncloa, debe estar el Master and Commander de la nave socialista más que preocupado por la deriva provocada por quienes no han sabido estar a la altura, tras desvelarse como aprendices chapuceros que han dejado todas las entretelas de la cosa al descubierto por pura avaricia. Que ya decía Sam Rothstein (Robert de Niro) en Casino muy acertadamente: “aquí hay tres formas de hacer las cosas: hacerlas bien, hacerlas mal y hacerlas como yo las hago”.

Y por eso viene igualmente muy a cuenta la segunda de las frases de Sánchez en aquella entrevista periodística con la que el diputado revelación del año 2010 saludaba al 2011 (“que me quiten lo bailao”), respondida entonces a la hipótesis de que las cosas no salieran como un joven y recién llegado a la política nacional esperaba. Porque de momento todo ha ido según lo previsto, con la posibilidad de cambiar de opinión cuando los planes se tuercen. Para eso sirve la fontanería: para tirar metros de cañería salvando obstáculos. Y cuando no sea posible, pues eso: a bailar. Que a ver si lo de “P.S.” fuera por Patrick Swayze, el de Dirty Dancing. Y nada que ver, por supuesto, con Pedro Sánchez.