La decisión no es solo un repliegue táctico ante la falta de apoyos, sino una pausa calculada. El objetivo es ganar tiempo y reabrir la negociación con ERC en un momento políticamente más favorable, previsiblemente después de la cita electoral en Andalucía, tal como acordaron ERC y Govern ayer y que han transmitido hoy a través de un comunicado conjunto en el que ambas partes se comprometen a aprobar el presupuesto antes del verano. En definitiva, se comprometen a no decir nada oficialmente hasta el día siguiente de la fecha electoral andaluza (entre el 31 de mayo y 14 de junio).
Andalucía como línea roja
El principal escollo de la negociación sigue siendo la exigencia de ERC de avanzar en la cesión del IRPF. Se trata de una demanda de alto impacto político que el Gobierno central no quiere activar antes de las elecciones andaluzas, donde cualquier gesto en materia de financiación autonómica podría ser utilizado por el PP como munición electoral.
En este contexto, forzar un acuerdo ahora implicaría abrir un frente territorial en plena campaña andaluza. Moncloa ha optado por evitar ese riesgo. El mensaje trasladado al PSC ha sido claro: no tensionar la negociación hasta después de los comicios.
Órdenes de contención desde Madrid
La retirada del proyecto se entiende así como parte de una estrategia más amplia. Illa, alineado con el Gobierno central, evita una derrota parlamentaria, pero también cumple con una directriz política: no cerrar un acuerdo que obligue a concretar concesiones sensibles en plena precampaña andaluza.
El PSC asume, de facto, una posición de espera. La prioridad no es aprobar los Presupuestos de inmediato, sino hacerlo en el momento adecuado. Mientras tanto, se aprobará “inmediatamente” un suplemento de crédito en la Generalitat para dar oxígeno económico al Govern y poder acometer los retos y compromisos de pago urgentes.
Esto explica el cambio de guion respecto a semanas anteriores, cuando el Govern insistía en mantener el proyecto hasta el final.
El pulso con ERC se enfría, no se resuelve
El movimiento encaja con la lógica del pulso entre Illa y Oriol Junqueras. ERC ha presionado elevando el listón, consciente de su papel decisivo, pero también evitando un choque definitivo que pudiera derivar en elecciones anticipadas. El miedo de ERC no era solo el adelanto electoral si no que una prematura cita electoral les dejaba sin el cabeza de cartel, Oriol Junqueras, al frente debido a que aún no ha dictado sentencia el Tribunal Constitucional sobre la retirada de los cargos y condena a Junqueras o Puigdemont.
Ambas partes encuentran ahora una salida intermedia: ni victoria ni derrota inmediata. La retirada permite mantener abiertas las negociaciones sin obligar a nadie a ceder públicamente en este momento.
Presupuestos diferidos, pero imprescindibles
El nuevo horizonte se sitúa antes del verano. Para entonces, el contexto político será distinto: las elecciones andaluzas ya se habrán celebrado y el Gobierno central tendrá mayor margen para abordar la cuestión de la financiación.
Ahí es donde se prevé reactivar el acuerdo, incluyendo —si hay avances— la carpeta del IRPF. Porque, más allá del cálculo político, las cuentas siguen siendo necesarias. Cataluña opera con presupuestos prorrogados, y tanto el Govern como ERC comparten el interés de aprobar unas nuevas cuentas en esta legislatura.
La retirada de los Presupuestos no supone un cambio de rumbo, sino un aplazamiento forzado por el calendario político. Illa gana tiempo, evita una derrota y se alinea con la estrategia estatal. ERC mantiene la presión sin romper. Y el acuerdo queda en suspenso a la espera de un contexto más favorable. Y Junqueras respira feliz.