Veamos qué efecto han producido estas maniobras:
- En una España eminentemente cristiana se puede uno reír o criticar a la iglesia y a sus fieles, pero si lo haces con el Islam o cualquier otra religión eres un "intolerante".
- En una España de raza mayoritaria blanca, puedes criticar a cualquiera de esa raza, pero si lo haces con una persona de otra raza, eres "racista".
- Podemos hacer chistes y burlarse de cualquier hombre, pero si lo haces con una mujer, eres "machista".
- Pedir un día para heterosexuales suena raro. Celebrar durante semanas el de los homosexuales es orgullo. Y si lo comentas es "homofobia".
- Si alguien critica las verdades científicas del pasado se entiende como progreso, pero a quien critica las actuales es un "negacionista".
- Si alguien invoca los derechos del pueblo palestino, el cubano o el venezolano se considera legítimo y progresista, pero si reclamas los derechos de los españoles en su propio país, se tacha de "nacionalismo facha y peligroso".
- Lo mismo pasa con el enriquecimiento que supone el aceptar ritos y costumbres de otras culturas, pero si quieres conservar las costumbres propias del país te tachan de "retrógrado".
- Cuando los medios de comunicación son afines a la línea gubernamental es periodismo, pero cuando un medio de comunicación critica firmemente al ejecutivo es "bulo y fango".
- Quien adquiere con su esfuerzo económico más de una vivienda es un "especulador", pero parece que ocupar las viviendas de otros es un derecho.
- No se puede encarcelar a un reincidente porque lo hace "por necesidad" y detenerlo es un atentado contra su integración.
Todo esto hace que quien no comulga con las ideas que se propagan sea acallado en nombre de la inclusión y de la diversidad. Quedas señalado si protestas, ya que les incomodas.
Necesitamos un rearme cultural y de valores, que vuelvan las cosas a su razonable sentido común (el menos común de todos los sentidos, al parecer).