De igual forma, los docentes intentan desarrollar la capacidad auditiva y la comprensión oral de sus discípulos, especialmente en edades tempranas, formulando preguntas y estableciendo diálogos, animándolos a responder coherentemente y en relación a la pregunta.
¿Qué dirían ustedes si le preguntan a alguien sobre sus hijos y le respondieran sobre el funcionamiento del metro?
A nadie se le ocurre, cuando alguien le pregunta en la calle por una dirección, responder que hace mucho calor o que son las ocho y media.
¿Verdad que no?
Pues eso exactamente es lo que hacen nuestros gobernantes hoy en día.
Lamentablemente en cada entrevista y en cada rueda de prensa, los ministros e incluso nuestro presidente, desvían balones fuera a cada pregunta incómoda cuando son interrogados y suelen responder con un tema ajeno al tono y al contenido de la cuestión. Es una forma clara de eludir y esquivar los problemas.
Con verborrea entrenada sueltan palabras y más palabras para no acabar de decir nada, consumiendo así el tiempo del entrevistador.
Con estos mimbres, los periodistas y la ciudadanía en general se quedan sin saber el porqué de las cosas, el meollo de los hechos y las verdaderas razones de todo.
Se cubre de humo la escena con una cortina espesa de palabras sin sentido, con aspavientos y llamadas a la dignidad o peor aún, sin ningún rubor, con acusaciones a otros (la oposición) de las culpas propias. El manejo del relato es fundamental para ellos y manipulan y retuercen las respuestas con frases fuera de lugar y vacías de contenido.
Mientras, la ciudadanía se ve huérfana de información sin la que poder apoyar sus opiniones.
Solo queda la prensa libre, la que no depende de las subvenciones de los que mandan ni de ningún otro interesado lado, para poder hacerse una idea de lo que pasa realmente en nuestro país.
Esa prensa investiga, analiza los hechos y destapa la verdad. A menudo son acusados de "propagadores del fango", pero con el tiempo se confirma que tenían razón y que ciertos personajes, por los que los gobernantes "ponían la mano en el fuego" han resultado ser unos chorizos (si ustedes quieren, presuntamente chorizos).
Por todo ello, los políticos españoles que nos gobiernan no se merecen otra cosa que un gran suspenso en comprensión oral (por no añadir también suspenso en decencia).
Lo malo de todo esto es que a nuestros gobernantes y a los que les apoyan no se les puede castigar. Primero porque están aforados. En segundo lugar, porque a los incumplimientos y a las mentiras (es decir, hacer lo contrario de lo que se dijo anteriormente) ahora se les llama cambios de criterio. En tercer lugar, porque por desgracia en España no hay manera de que nadie asuma responsabilidades y dimita de su cargo (ya sea por su nefasta gestión, por negligencia o por fraude o corrupción).
Esto empieza a parecerse a los actuales sistemas de evaluación de nuestro sistema educativo (impuesto por los gurús educativos que nos llevan a la debacle), es decir: suspenden todas las asignaturas, pero la administración les permite pasar de curso igualmente.
Tan solo nos queda el voto en las próximas elecciones para cambiar rumbos.
Ojalá lo usemos como tarjeta roja para expulsar a los que suspenden.