Sin embargo, la sensación que dejó el debate fue muy distinta. Sánchez reiteró su respeto a la sentencia, defendió que los condenados ya no forman parte de la dirección socialista (aunque no recordó que hace pocos meses Ábalos era el segundo a bordo y aún diputado en el Congreso) y rechazó cualquier responsabilidad personal. Pero dedicó buena parte de su intervención a cargar contra el Partido Popular y Vox, denunciando una supuesta estrategia para presentar una imagen de corrupción generalizada del PSOE y del Gobierno. Además, descartó de forma tajante cualquier adelanto electoral y dejó claro que su intención es agotar la legislatura hasta 2027.
El PP y Vox exigen elecciones
La respuesta de la oposición fue contundente. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, acusó a Sánchez de ser el principal responsable político de haber promocionado y mantenido durante años a Ábalos como una de las figuras más poderosas del PSOE. Los populares insistieron en que la sentencia supone un antes y un después y reclamaron elecciones inmediatas.
Por su parte, Santiago Abascal endureció aún más el tono y presentó al Gobierno como un proyecto políticamente agotado y moralmente desacreditado, insistiendo en la necesidad de un cambio de ciclo político.
Los socios nacionalistas aumentan la presión
Más significativo aún fue el comportamiento de algunos socios parlamentarios del Gobierno. Tanto Junts como PNV evitaron cerrar filas con Sánchez y reclamaron explicaciones adicionales. Especialmente llamativa fue la posición de Junts, que elevó el tono hasta plantear la necesidad de una dimisión del presidente y una profunda renovación política. Su portavoz, Miriam Nogueras, indicó que tomara nota de la dimisión de Starmer en el Reino Unido de hace unos días y dejara que el propio PSOE eligiera un candidato que le relevara para agotar la legislatura.
Es decir, que el aún presidente diera un paso al lado para no acabar tirando a la basura toda la legislatura y los pactos alcanzados en ella que, entre otros temas, tiene la solución de la amnistía definitiva a Carles Puigdemont entre manos.
El PNV mantuvo una actitud más institucional, pero también trasladó su malestar por el deterioro de la situación política y la acumulación de escándalos que rodean al Ejecutivo. Precisamente en la semana que al partido nacionalista vasco le ha salpicado en la cara el caso Leire a través de las subvenciones a Tubos Reunidos y las reuniones con su anterior presidente Andoni Ortúzar.
ERC marca distancias
La intervención más incómoda para Sánchez llegó desde su propio bloque de investidura. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, fue especialmente duro al preguntarle directamente si conocía lo que estaba ocurriendo con Ábalos, recordando que fue una de las personas de máxima confianza del presidente y pieza clave en las negociaciones de investidura. Rufián criticó además la estrategia del "y tú más" utilizada por el PSOE para defenderse y reclamó una respuesta más autocrítica.
ERC mantiene su apoyo parlamentario al Gobierno, pero cada vez resulta más evidente que intenta diferenciarse de los problemas del PSOE y proteger su propio espacio político ante el desgaste creciente de Sánchez.
Podemos rompe definitivamente
Mientras tanto, Podemos fue todavía más lejos. Ione Belarra sostuvo que el ciclo político de Pedro Sánchez está agotado y deslizó abiertamente la necesidad de abrir una nueva etapa política. Paradójicamente, la formación morada aparece hoy más cercana a pedir elecciones que algunos de los socios nacionalistas del Ejecutivo.
Un presidente que resiste
La conclusión política de la jornada es clara. Pedro Sánchez ha optado por la resistencia. No ha ofrecido ningún gesto que apunte a una convocatoria electoral anticipada, ni a una cuestión de confianza, ni a una remodelación política de gran alcance. Su estrategia pasa por aguantar, confrontar con la oposición y confiar en que sus socios parlamentarios sigan considerando menos costosa su continuidad que la llegada de un Gobierno del PP y Vox.
Pero la sesión también ha evidenciado algo relevante: incluso entre quienes mantienen vivo al Ejecutivo crece la incomodidad. El PP y Vox exigen elecciones; Junts y PNV endurecen sus advertencias; ERC se distancia; y Podemos directamente cuestiona la continuidad del proyecto. Sánchez conserva los votos para seguir gobernando, pero cada vez parece tener menos aliados dispuestos a defenderlo públicamente.