Mucho más que fe

Para un católico no activo, sino solo por el hecho de constar en las estadísticas, desde luego no como mandan los cánones, la visita del papa León XIV a España, prevista entre el 6 y el 12 de junio, no deja de ser un acontecimiento social y político relevante por mucho que también se impregne de ese cierto folklore que tiene el hecho religioso en sus formas. Y lo es porque la visita trasciende por completo la fe, ya que no hace falta ser rebaño para reconocer la importancia de una de las voces más influyentes, no solo en el terreno de lo moral, sino también de lo social del planeta. Es lo que, posiblemente, tiene ser Jefe de Estado de un pequeño territorio en lo político al tiempo que un guía de almas, con todo lo que ello conlleva, en lo humano.

El Papa León en la procesión del Corpus Christi de 2025
photo_camera El Papa León en la procesión del Corpus Christi de 2025

La reducción del papel de la Iglesia a una cuestión meramente religiosa ha sido uno de los logros de la humanidad desde la Ilustración, aunque, debe reconocerse, un logro incompleto, para bien o para mal, juzguen ustedes mismos. Lo indiscutible, en todo caso, es la influencia que la Iglesia como institución, y el Papa como su cabeza, sigue ejerciendo sobre millones de personas en debates sobre temas siempre de plena actualidad: la inmigración, la inteligencia artificial, la dignidad humana, la pobreza, la guerra o la convivencia entre culturas. Y León XIV ha decidido entrar, él también, de lleno en esos debates desde el inicio de su pontificado.

Su primera encíclica, Magnifica Humanitas, ha sorprendido por su profundidad y por la rapidez en marcar una línea doctrinal propia, prácticamente al año del inicio de su pontificado. León XIV dedica una parte importante de la misma a alertar sobre el uso militar de las nuevas tecnologías y sobre el deterioro del orden internacional. Sostiene que la tecnología no puede convertirse en un instrumento para automatizar la muerte ni para alejar la responsabilidad moral de quienes toman decisiones sobre la guerra. Si esto, viendo lo que estamos viviendo, no es posicionarse, que baje su jefe y lo vea.

Para León XIV las guerras actuales son consecuencia de problemas más profundos y enquistados: desigualdad, pérdida de referentes éticos, luchas por el poder y debilitamiento de las instituciones internacionales. Y por ello reclama reforzar la diplomacia, el diálogo entre naciones, y reivindica el papel esencial de organismos multilaterales capaces de prevenir conflictos antes de que estallen. Para el pontífice, la paz debe construirse sobre la justicia, la dignidad humana y el respeto entre pueblos, no únicamente sobre equilibrios militares.

Hay en Magnifica Humanitas una reflexión sobre la dignidad humana en esta época de evolución hacia el dominio de la inteligencia artificial. Y en ese sentido alerta el Papa del riesgo de que la tecnología termine concentrando poder y sustituyendo relaciones humanas por las generadas electrónicamente, lo que supone una crítica a que las personas se conviertan en carne de algoritmo, como simples datos intercambiables y sin valor en sí mismas.

Nos encontramos así con una defensa de la tecnología siempre que esta sirva al ser humano, pero no al revés, lo que hace exigir una regulación ética clara y capaz de proteger la libertad, el trabajo y la justicia social. Desde luego, un mensaje no casual en este momento en el que el debate es hasta dónde llegar con la inteligencia artificial. O hasta donde permitir que llegue algo que a lo que el hombre, como Dios con nosotros en la visión cosmológica cristiana, ha podido llegar a dotar de voluntad y libre albedrío.

Igualmente hay en la carta orientadora a su iglesia y sus fieles, que es lo que por naturaleza significa una encíclica una visión de León XIV que no pasa desapercibida en la actualidad por lo relevante del tema. El Papa habla de inmigración, insistiendo, como ya ha manifestado anteriormente en varias ocasiones, en que la forma en que una sociedad trata a los migrantes refleja el tipo de justicia que practica.

Y aquí su mensaje no es solo religioso, sino que posee una fuerte esencia humanista al defender una gestión ordenada y responsable de los flujos migratorios, pero rechazando al mismo tiempo el miedo o el rechazo al diferente en un modelo de convivencia universal, porque, como señala expresamente, las sociedades modernas deberán aprender a integrar culturas distintas sin renunciar a sus propias identidades.

Este mensaje, claro y fundamental, adquiere en la visita pontificia a España un significado relevante por lo que nuestro país tiene de intersección entre Europa, América y África. Pocas naciones tienen una experiencia histórica tan intensa de convivencia, mestizaje cultural e intercambios humanos como la española a lo largo, además, de siglos de luces y sombras en este tema. Y por ello tampoco resulta casual que el viaje incluya un desplazamiento a Canarias, una de las principales puertas de entrada de la inmigración africana hacia Europa, donde el Papa quiere profundizar precisamente en la realidad de quienes arriesgan la vida buscando un futuro mejor huyendo de sus lugares de origen.

La visita de León XIV ofrecerá finalmente un espacio de encuentro y comunidad para los jóvenes, una estrategia dentro de la labor proselitista de cualquier movimiento religioso que la Iglesia católica en concreto sabe diseñar y gestionar con aparente acierto. Al menos en lo visual. Pero es igualmente evidente que hay cierta desorientación en la juventud que le lleva a refugiarse de nuevo en lo espiritual. Al menos en apariencia. En plan pose, que dirían algunos. En cualquier caso, no debería desdeñarse que haya algo más de mar de fondo de lo que parece en esa pretendida vuelta a las referencias morales y espirituales entre los jóvenes en momentos de incertidumbre económica y precariedad, o cuando el aislamiento digital convive y es hasta consecuencia de la hiperconectividad.

Ante todos estos problemas resulta cuando menos curioso que un norteamericano como Robert F. Prebost, alias León XIV, haya pulsado acertadamente con teclas como la polarización, la política de bloques o el enfrentamiento social como instrumento de acción política hablando de conceptos antiguos que llama a recuperar y renovar, como la libertad, la dignidad, o la responsabilidad compartida en comunidad necesaria.

Quizá no estemos por ello solo ante una visita de encuentros institucionales y ceremonias religiosas, sino de una ocasión relevante para reflexionar sobre los caminos que hemos decidido tomar y. sobre todo, sobre las alternativas posibles. A veces no es necesario pisar un templo y escuchar una homilía para detectar qué cosas son correctas en este debate abierto tanto a creyentes como a los que no lo son.