Pero… ¿se alistaron catalanes para ir al frente de Rusia?
Lo políticamente correcto es afirmar que los poquísimos catalanes que se alistaron lo hicieron forzados o para evitar males mayores. Sin embargo, Caballero lo desmiente. En primer lugar fueron muchos los catalanes voluntarios. Y no fueron ni forzados ni por conveniencia.
Y no es muy necesario ir a las fuentes históricas para entender que fue así. Veinte años antes de la gesta de la División Azul, con soldados de reemplazo, aconteció una gran derrota, conocida como el desastre de Annual. En cambio dos décadas después, estos hombres pusieron en jaque a todo el temible ejército rojo de Stalin. Sabiendo que en Rusia las formaciones no eran de soldados profesionales tampoco, ¿qué había cambiado? Porque eran voluntarios valientes y altamente motivados. Unos mercenarios o desinteresados jamás hubieran luchado con ese valor. Otra prueba de ello es el escaso número de desertores (que, por cierto, el régimen estalinista los trató como prisioneros y enemigos).
Y ya yendo a las fuentes nos encontramos con multitud de testimonios escritos desde Rusia. Porque otra característica de esta unidad era el alto nivel intelectual, que les permitía escribir con mucha claridad y calidad.
Los sentimientos de los soldados
En esta ocasión, Caballero no expuso los datos sobre los números de voluntarios, ni los recorridos, ni las audacias, ni las estrategias militares… Dedicó la disertación en comentar los sentimientos que mostraban en sus escritos. Hablaban de la familia, del amor, del frío, del miedo, de su fe, de lo que dejaban en España, de las bondades del pueblo ruso, de lo que les había llevado a participar en esa aventura… ¿Aventura? Si, pero no eran aventureros ni descastados. Al contrario, la coincidencia de todos ellos era hablar de sus madres, a las que ponían en un altar y les mostraban su amor
Pero… ¿catalanes? Si. Catalanes que vieron sufrir la persecución de sus padres en la Cataluña del 36 al 39 por los delitos de ir a misa, tener una pequeña empresa o comercio, o usar traje y corbata en el trabajo. Porque vieron cómo se destruían iglesias desde la impunidad del poder. Y quisieron ir a Rusia, a la casa de los creadores de las checas de Barcelona.
Catalanes que se emocionaban como Adolf de Montagut al ser recibidos en Polonia con un “Viva España”. Catalanes que explicaban sus emociones cotidianas. Nombres como Daniel Torra, Josep María Blanch, Octavi Carreras, Albert Frances, Luis Romero, Pepe Viladot, Abelardo Azorín….. Muchos de ellos con una posterior producción literaria más que notable.
Aunque no fuera catalán de origen, también quiso destacar al barcelonés de adopción Tomás Salvador.
Y a la conocida familia de periodistas Pérez de Rozas. Todos los hermanos quisieron alistarse, pero el progenitor no les dejó, sólo permitió que fuera uno de ellos, y, por sorteo, le correspondió a Luis.
Mención destacada para Jaume Tarraco. Un capellán, un intelectual, y un hombre valeroso que fue premiado con la Cruz de Hierro –distinción que no se daba a cualquiera- . Sus descripciones diarias sobre su actividad en el frente, socorriendo a los heridos o dando la extremaunción, hacen que los lectores no puedan detener sus lágrimas.
Las conclusiones
La historia es la que es, y no la que nos cuentan para justificar decisiones políticas de hoy. Cataluña también aportó soldados motivados. Las cartas y los escritos de sus voluntarios son testimonios desgarradores de una generación que supo sufrir con amor y alegría los terribles momentos históricos que les tocó vivir.
Joan Viñallonga Moré