El PPC celebrará su congreso, ocho años después, con Alejandro Fernández fortalecido

El Partido Popular ha informado que su Junta Directiva Nacional aprobó la celebración de un Congreso ordinario del PP de Catalunya para el 27 de junio. El próximo congreso del PPC no es un simple trámite orgánico. Ocho años después del último cónclave del partido en Cataluña, la formación llega a esta cita con una sensación que hacía tiempo no tenía: la de haber encontrado, por fin, una voz propia. Y esa voz tiene nombre y apellidos: Alejandro Fernández, actual presidente desde hace .

Alejandro Fernández
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Durante demasiado tiempo, el Partido Popular catalán ha vivido atrapado entre dos problemas: la irrelevancia electoral y la sospecha permanente de ser únicamente una delegación política de Madrid. Una “sucursal” sin autonomía real, incapaz de interpretar la complejidad catalana desde Cataluña. Ese estigma persiguió al partido durante años y alimentó una división interna constante entre quienes defendían una línea más pegada al territorio y quienes apostaban por la obediencia orgánica a Génova.

Precisamente por eso, el congreso del 27 de junio adquiere una dimensión mucho más profunda que la simple renovación de cargos. Todo apunta a que, por primera vez en mucho tiempo, la dirección nacional parece dispuesta a dejar trabajar a Alejandro Fernández sin interferencias internas ni tutelas permanentes. Y eso, en el contexto político catalán, es mucho decir.

Porque Fernández ha sobrevivido políticamente a prácticamente todo: a los peores resultados del partido, a las maniobras internas para apartarlo, al ninguneo de algunos sectores nacionales y a una etapa donde parecía que el PPC estaba condenado a la marginalidad. Sin embargo, ha conseguido algo que pocos dirigentes populares habían logrado en Cataluña: construir un perfil político reconocible, coherente y claramente diferenciado.

Su discurso, más directo y menos acomplejado que el de anteriores etapas, le ha permitido conectar con un espacio político que el PP llevaba años sin representar con claridad. Y lo ha hecho, además, evitando diluirse en la estrategia estatal del partido. Fernández entendió antes que muchos que en Cataluña no basta con repetir consignas nacionales: hace falta proyecto propio, identidad política y capacidad de interpretar la realidad catalana sin complejos.

Buena parte de la prensa política catalana lleva semanas apuntando precisamente en esa dirección: el congreso puede marcar el inicio de una nueva etapa en la que el PPC deje de actuar como un partido permanentemente condicionado por las luchas internas y por la dependencia estratégica de Madrid. La lectura que empieza a imponerse es clara: el PP nacional ha asumido que intentar controlar el partido catalán desde fuera solo debilitaba todavía más a la organización.

Y seguramente esa sea la principal noticia del congreso: no tanto quién gana —porque todo indica que Alejandro Fernández saldrá reforzado— sino el hecho de que, por fin, parece que le van a permitir ejercer el liderazgo que lleva años reclamando.

Ya era hora.

Ya era hora de que el PPC entendiera que en Cataluña necesita algo más que disciplina orgánica. Ya era hora de que el partido aceptara que la política catalana requiere dirigentes con personalidad propia y margen de maniobra. Y ya era hora, también, de que Alejandro Fernández pudiera construir una candidatura sólida, reconocible y con peso específico dentro del centroderecha catalán sin tener que dedicar más energía a resistir enemigos internos que a hacer oposición.

Porque el gran reto del PPC no es únicamente crecer electoralmente. Es recuperar credibilidad como proyecto político catalán. Y eso solo será posible si el partido deja atrás definitivamente la imagen de sucursal madrileña que tanto daño le ha hecho durante años.

El congreso de junio puede ser el comienzo de ese cambio. O, al menos, la primera vez en mucho tiempo que el PP catalán parece dispuesto a intentarlo de verdad.