Las declaraciones se producen en el marco de la propuesta impulsada por Vox —con el respaldo del PP— para prohibir el uso del burka y el niqab en espacios públicos y que ha sido rechazada por la Cámara baja española. Junts, por su parte, ha anunciado que presentará una iniciativa propia centrada en la identificación facial y el orden público, intentando marcar distancias con la formación de Santiago Abascal sin renunciar al debate sobre seguridad e integración, aunque al final parece que esa iniciativa irá acompaña de otras muchas que no van a tener apoyo de la mayoría de la cámara. Una jugada habitual entre los de Puigdemont y los de Sánchez.
Un cruce de marcos políticos
La estrategia de Vox es clara: situar el foco en la identidad cultural, la seguridad y la defensa de los derechos de la mujer como eje de confrontación directa con el nacionalismo catalán. Garriga ha utilizado un lenguaje contundente, hablando de “cárceles de tela” y de “pérdida de identidad”, términos que buscan conectar emocionalmente con un electorado sensible a la cuestión migratoria y cultural.
Junts, en cambio, intenta evitar una fotografía parlamentaria junto a Vox, consciente del coste simbólico que tendría en Cataluña, pero también procura no aparecer como ajeno a un debate que preocupa a parte importante de su base electoral. De ahí su maniobra: rechazar el texto de Vox y registrar una propuesta alternativa.
El factor Aliança Catalana
En este escenario emerge un elemento determinante: el crecimiento de Aliança Catalana, liderada por Sílvia Orriols. Esta formación ha capitalizado un discurso identitario duro en materia migratoria y cultural, disputando a Junts un espacio político que históricamente controlaba el independentismo tradicional.
El temor en Junts no es solo a Vox, sino a la erosión interna de su electorado hacia opciones que combinan soberanismo y discurso restrictivo en inmigración. La presión electoral es real: perder votantes hacia Aliança Catalana supondría un debilitamiento estratégico en municipios clave y en el Parlament.
En este contexto, la acusación de Vox de que Junts ha “islamizado Cataluña” no es solo un ataque ideológico; es también un intento de acelerar la competencia dentro del espacio nacionalista catalán, obligando a Junts a endurecer su posición o arriesgarse a seguir perdiendo apoyos.
Más allá del titular
El debate sobre el velo integral plantea cuestiones jurídicas y sociales complejas: libertad religiosa, igualdad de género, orden público e integración. Sin embargo, el actual intercambio político evidencia que la discusión se está librando en el terreno del relato y la disputa electoral.
Para Vox, el objetivo es consolidar su perfil como referente en la defensa de la identidad nacional y cultural. Para Junts, el desafío es doble: evitar la etiqueta de permisividad y, al mismo tiempo, no cruzar líneas que le aproximen a la ultraderecha.
En definitiva, la polémica no solo gira en torno a una prenda concreta, sino a la redefinición del mapa político catalán. Y en esa redefinición, el miedo de Junts a seguir cediendo espacio ante Aliança Catalana se ha convertido en un factor decisivo.