Estamos ante un genocidio en tiempo real. Un holocausto perpetrado por una teocracia contra su propio pueblo. Y la izquierda europea —esa izquierda que se rasga las vestiduras por cada operación militar israelí, que organiza manifestaciones multitudinarias por cada muerto palestino— permanece en silencio sepulcral ante esta masacre industrial de iraníes que gritan 'Javid Shah' en las calles.
Veinticinco mil muertos iraníes —hombres, mujeres, niños y niñas— asesinados por el régimen de los ayatolás, algunos con armas químicas prohibidas por las convenciones internacionales. Trescientas treinta mil heridos. Cifras que superan cualquier operación militar contemporánea en Oriente Medio. Y la respuesta de la izquierda occidental: silencio criminal, complicidad activa, traición moral absoluta.
No es negligencia. No es distracción. No es falta de información. Es política deliberada. Porque la masacre iraní expone la bancarrota moral absoluta del pensamiento progresista occidental y su incapacidad congénita para entender realidades que no encajan en sus esquemas ideológicos prefabricados.
La izquierda europea ha construido su identidad política sobre la premisa de que todas las luchas populares son, por definición, anti-occidentales, anti-monárquicas, y dirigidas contra el imperialismo americano-israelí. Esa premisa funciona perfectamente con Palestina: un pueblo oprimido que odia a Israel, que rechaza a Estados Unidos, que abraza ideologías que la izquierda puede romantizar como resistencia anti-colonial.
Pero Irán destroza ese esquema por completo. Aquí tenemos un pueblo que lucha contra una teocracia islamista, que admira a Israel, que confía en Estados Unidos, que rechaza el victimismo, y que —esto es lo que más molesta a la izquierda— grita 'Javid Shah' en las calles de Teherán. Viva el Rey. Una revolución popular que pide la restauración de la monarquía.
Para el marxismo cultural esto es simplemente incomprensible. ¿Cómo puede un pueblo oprimido pedir la vuelta de un rey? ¿Cómo pueden víctimas reales de una dictadura admirar a Israel y Estados Unidos? ¿Cómo es posible que una revolución popular se dirija contra revolucionarios islamistas que derrocaron una monarquía? Nada de esto encaja en el manual progresista de liberación nacional.
Entonces, ante la imposibilidad de encajar la revolución iraní en sus categorías ideológicas, la izquierda occidental ha optado por la estrategia más cobarde: el silencio. Porque reconocer que los iraníes luchan por valores occidentales, que quieren democracia, que admiran Israel, que desean integración en el mundo occidental, obligaría a la izquierda a elegir entre su ideología anti-occidental y su supuesta solidaridad con los oprimidos.
Y ya hemos visto cuál es su elección: la ideología anti-occidental siempre triunfa sobre la solidaridad humana, el dogma siempre prevalece sobre la realidad, la corrección política siempre supera a la coherencia moral. Prefieren mantener su alianza tácita con el régimen de los ayatolás antes que reconocer que se equivocaron sobre todo: sobre Irán, sobre Israel, sobre Estados Unidos, sobre las dinámicas reales de Oriente Medio.
Cuando esta misma izquierda sí habla sobre Irán —cuando rompe su mutismo criminal— es para decir algo aún más obsceno: que las revueltas están teledirigidas desde el Mossad o la CIA. Es decir, que veinticinco mil iraníes no han muerto realmente por libertad, sino que han sido manipulados por una conspiración judío-americana. Que el uso reportado de armas químicas tóxicas contra manifestantes es 'propaganda imperialista'. Que la sangre de 330,000 heridos no cuenta, que su heroísmo es falso, que su grito de 'Javid Shah' es manipulación extranjera.
La escalada a armas químicas —sustancias tóxicas que envenenan manifestantes y los matan días después— representa una línea roja cruzada que ni siquiera las dictaduras más brutales se habían atrevido a traspasar contra sus propios ciudadanos en décadas. Irán ha violado las Convenciones sobre Armas Químicas que firmó, convirtiendo las calles de sus ciudades en cámaras de gas al aire libre. Y la izquierda europea sigue en silencio u organizando manifestaciones... por Palestina.
Esta actitud revela la naturaleza profundamente racista del pensamiento progresista: para la izquierda occidental, los pueblos del Tercer Mundo no pueden tener aspiraciones propias, no pueden desear democracia por voluntad autónoma, no pueden admirar Occidente sin estar manipulados. Solo pueden ser víctimas pasivas o instrumentos de potencias extranjeras. La idea de que los iraníes actúen por convicción propia es, para la izquierda, simplemente inadmisible.
Pero hay algo más profundo que explica este silencio criminal: la izquierda occidental no puede tolerar que una teocracia 'revolucionaria' sea amenazada por una restauración monárquica. Porque los ayatolás llegaron al poder en 1979 mediante una 'revolución' que derrocó una monarquía. Para la mentalidad progresista, eso convierte automáticamente a los ayatolás en los 'buenos' de la historia, independientemente de lo que hayan hecho después.
El marxismo cultural divide el mundo en revolucionarios y contrarrevolucionarios, en progresistas y reaccionarios, en fuerzas del cambio y fuerzas del pasado. En este esquema binario, los ayatolás representan el cambio revolucionario mientras que la monarquía iraní representa el pasado reaccionario. Por tanto, cualquier movimiento que busque restaurar la monarquía debe ser, por definición, contrarrevolucionario y reaccionario, independientemente de las circunstancias reales.
Esta rigidez ideológica impide a la izquierda entender dinámicas políticas elementales: que una teocracia puede ser más opresiva que una monarquía, que una revolución religiosa puede ser más reaccionaria que un ancien régime, que el pueblo puede preferir un rey constitucional a unos ayatolás totalitarios. Conceptos simples que quedan fuera del alcance intelectual del progresismo contemporáneo.
La selectividad moral de la izquierda alcanza dimensiones cósmicas cuando la comparamos con su reacción ante otros conflictos. La misma izquierda que considera 'genocidio' operaciones militares que causan cientos de bajas civiles, guarda silencio ante 25,000 iraníes asesinados y 330,000 heridos —cifras que superan las bajas civiles de conflictos enteros en Gaza, Siria o Ucrania. La misma izquierda que denuncia el uso de fósforo blanco como crimen de guerra, ignora el uso de armas químicas tóxicas contra manifestantes iraníes que convierte las calles en cámaras de gas al aire libre.
Mientras los iraníes mueren gritando 'Javid Shah', mientras reclaman la bandera del león y el sol, mientras queman mezquitas impuestas por conquistadores árabes, la izquierda occidental sigue en silencio y si organiza manifestaciones es por Palestina. Siempre por Palestina. Solo por Palestina. Como si en el mundo entero no existiera más injusticia que la única que puede ser utilizada para demonizar a Israel.
Esta selectividad no es casual: es funcional. Palestina sirve para justificar el antisemitismo europeo contemporáneo, para canalizar la frustración de inmigrantes musulmanes, para mantener la alianza entre la izquierda occidental y el islamismo político. Irán, por el contrario, no sirve para nada de esto. Los iraníes que admiran Israel y Estados Unidos no pueden ser instrumentalizados para los fines políticos de la izquierda europea.
La izquierda española es particularmente repugnante en este silencio porque combina la ignorancia más supina con la arrogancia más insoportable. Políticos que no distinguen entre persas y árabes pontifican sobre Oriente Medio. Intelectuales que no han leído una línea de historia iraní explican paternalisticamente por qué los iraníes no entienden sus propios intereses. Periodistas que no hablan farsi interpretan 'Javid Shah' como manipulación imperialista.
Esta ignorancia militante no es accidental: es deliberada. Porque reconocer la especificidad iraní, entender que Irán no es un país árabe, aceptar que el pueblo iraní tiene una identidad nacional anterior al islam, obligaría a la izquierda española a cuestionar todos sus dogmas sobre multiculturalismo, relativismo cultural e igualdad de todas las tradiciones religiosas.
El pueblo iraní representa todo lo que la izquierda occidental detesta: una nación que conoce su historia, que rechaza el victimismo, que admira Occidente, que quiere integrarse en la comunidad internacional como Estado moderno, que prefiere la monarquía constitucional a la teocracia revolucionaria. Por eso debe ser silenciado. Por eso sus muertos no cuentan. Por eso sus gritos de 'Javid Shah' son interpretados como manipulación extranjera.
Lo que está ocurriendo en Irán no es solo una revolución política: es una revolución epistemológica que destroza las categorías interpretativas del marxismo cultural. Una revolución que demuestra que los pueblos pueden elegir tradición sobre revolución, monarquía sobre teocracia, Occidente sobre anti-occidentalismo, Israel sobre Palestina. Una revolución que convierte a la izquierda occidental en cómplice moral de los verdugos.
El silencio ante 25,000 iraníes masacrados con armas químicas no es omisión: es complicidad activa en un genocidio. No es negligencia: es traición moral ante el peor crimen contra la humanidad del siglo XXI. No es error: es participación criminal en la conversión de las calles iraníes en cámaras de gas. Y como todo crimen contra la humanidad, tendrá consecuencias históricas. El Irán libre que se está gestando no olvidará quién miró hacia otro lado mientras 330,000 de sus hijos eran envenenados, torturados y asesinados por gritar 'Javid Shah'. No olvidará qué gobiernos europeos mantuvieron relaciones diplomáticas con genocidas. No olvidará qué izquierda justificó su exterminio en nombre de la corrección política.
Cuando los iraníes recuperen finalmente su libertad —y la recuperarán, porque la historia está de su lado—, Europa descubrirá que había estado del lado equivocado. Que su silencio fue complicidad. Que su neutralidad fue cobardía. Que su corrección política fue barbarie disfrazada de civilización.
Los iraníes que mueren gritando 'Javid Shah' han elegido bando: el de la dignidad nacional, el de la libertad individual, el de los valores que hicieron posible la prosperidad occidental. Mientras la izquierda europea ha elegido el bando contrario: el de la opresión teocrática, el de la barbarie revolucionaria, el de la cobardía moral institucionalizada.
El tiempo dirá quién tenía razón. Pero la historia ya ha registrado quién tuvo dignidad. Y no fue la izquierda occidental.
Captación de datos para la elaboración de este informe:
Cifras de muertos y heridos (16,500 + 330,000):
- The Sunday Times/Iran International: https://www.iranintl.com/en/202601186040
- VINnews: https://vinnews.com/2026/01/18/footage-leaked-from-iran-reveals-new-level-of-brutality-16500-killed-and-330000-injured/
- The Daily Sceptic: https://dailysceptic.org/2026/01/18/real-genocide-iran-report-says-16500-dead-and-330000-injured-most-in-last-two-days
- NewsX: https://www.newsx.com/world/how-many-have-died-in-irans-protests-so-far-new-shocking-report-reveals-more-than-16000-lives-claimed-330000-injured-during-crackdown-150003/
Uso de armas químicas:
- Newsweek (principal): https://www.newsweek.com/iran-may-have-used-toxic-chemical-substance-on-protesters-ex-official-11375983
- Iran International: https://www.iranintl.com/en/202601175885
- JFeed: https://www.jfeed.com/news-world/iran-chemical-weapons-protesters
- Al Bawaba: https://www.albawaba.com/news/did-iran-use-toxic-chemicals-against-1620507