Los pactos autonómicos servirán para medir si el centro-derecha está preparado para gobernar España

Con el acuerdo alcanzado entre el Partido Popular y Vox para la formación del nuevo Gobierno andaluz, se cierra un ciclo político que va mucho más allá de una simple investidura. Andalucía era la última gran pieza que faltaba para completar el mapa de gobiernos compartidos entre ambas formaciones. Desde hoy, Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía se convierten en auténticos laboratorios donde el centro-derecha español deberá demostrar si es capaz de gobernar con estabilidad y eficacia.

Feijóo y Abascal, obligados a entenderse
photo_camera Feijóo y Abascal, obligados a entenderse

El acuerdo confirma una realidad política que durante años muchos han preferido ignorar: Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal están condenados a entenderse. Les guste más o menos a sus respectivas direcciones, la aritmética parlamentaria convierte a ambos partidos en socios casi inevitables allí donde la izquierda no suma. La política española ha entrado en una nueva etapa en la que la confrontación electoral deberá dar paso, después de las urnas, a la cultura del pacto.

Y eso, lejos de ser una mala noticia, puede resultar enormemente positivo para los propios ciudadanos. Ha llegado el momento de comprobar si Vox es capaz de trasladar su discurso político a la gestión diaria de una administración. Durante años sus adversarios han presentado al partido de Santiago Abascal como una formación incapaz de gobernar. Ahora ya no habrá hipótesis, sino hechos. Es la hora de sustituir los discursos por la gestión, de cambiar los titulares por los resultados y de demostrar si las promesas electorales pueden transformarse en políticas públicas eficaces.

Pero el examen no será solo para Vox. También lo será para el Partido Popular. Gobernar en coalición exige negociar, ceder y cumplir los acuerdos firmados. Los ciudadanos podrán comprobar hasta qué punto ambas formaciones son capaces de convivir, de resolver sus diferencias y de ofrecer gobiernos estables sin convertir cada discrepancia en una crisis política.

Todo ello adquiere aún mayor relevancia si, como apuntan numerosas encuestas, España se encamina hacia unas próximas elecciones generales en las que el Partido Popular difícilmente alcanzará la mayoría absoluta. Si finalmente Feijóo necesita el apoyo de Vox para llegar a La Moncloa, los gobiernos autonómicos serán la mejor carta de presentación de esa futura alianza. Serán el escaparate donde los españoles podrán valorar cómo funciona realmente un Ejecutivo compartido entre ambos partidos.

Además, si las previsiones demoscópicas se consolidan, el bloque de centro-derecha podría alcanzar una mayoría parlamentaria muy amplia, suficiente incluso para abordar reformas estructurales que durante años han permanecido bloqueadas. Pero para que esa oportunidad llegue a materializarse será imprescindible que exista confianza mutua y que los ciudadanos perciban que ambos partidos son capaces de gobernar juntos con responsabilidad.

En definitiva, el verdadero interés del pacto andaluz es que comienza una etapa de evaluación política. Los votantes dispondrán, por fin, de ejemplos reales para juzgar cómo gobiernan juntos el Partido Popular y Vox. Ya no bastarán las promesas ni los temores alimentados desde uno u otro lado. Hablarán los hechos, hablará la gestión y hablarán los resultados. Y ese será, probablemente, el mejor ensayo general de lo que algún día podría ocurrir en el Gobierno de España.

También conviene recordar que la izquierda lleva años gobernando mediante coaliciones formadas por partidos con profundas diferencias ideológicas: PSOE, Podemos primero, Sumar después, junto a ERC, Bildu, el PNV, Junts y otras formaciones nacionalistas y regionalistas. El balance de esa experiencia será juzgado por los ciudadanos, pero demuestra una realidad incontestable: la política española ha entrado definitivamente en la era de los pactos.

Si la izquierda ha gobernado apoyándose en alianzas múltiples, no existe ninguna razón para pensar que el centro-derecha no pueda construir una mayoría estable sobre la base de dos partidos. La diferencia, como siempre, la marcarán la gestión y los resultados. Será el escaparate donde los españoles podrán juzgar no lo que prometen PP y Vox, sino lo que son capaces de hacer cuando gobiernan juntos.

Los próximos meses servirán para despejar muchas incógnitas. Andalucía no solo estrena un nuevo Gobierno; inaugura la última pieza del gran ensayo político del centro-derecha español. A partir de ahora hablarán los boletines oficiales, las leyes aprobadas, los presupuestos y la capacidad de ambos partidos para gobernar juntos. Y eso, por encima de cualquier discurso, será lo que termine convenciendo —o no— a los españoles cuando llegue la hora de elegir el próximo Gobierno de la nación.