Desde la oposición, y especialmente desde el Partido Popular, se considera que la iniciativa tiene más de gesto político que de verdadera viabilidad parlamentaria. No faltan motivos para la duda. Los socios que han sostenido al Gobierno durante los últimos años muestran cada vez más distancia. El PNV ha endurecido su discurso en las últimas semanas, mientras que Junts mantiene una posición cada vez más crítica con el Ejecutivo y ha dejado claro en numerosas ocasiones que no está dispuesto a conceder cheques en blanco. Con este escenario, resulta legítimo preguntarse si el anuncio responde a una voluntad real de aprobar unas cuentas o simplemente a la necesidad de transmitir una imagen de normalidad institucional.
La situación adquiere un carácter todavía más llamativo si se tiene en cuenta que la legislatura entra ya en su tramo final. Los tiempos parlamentarios, las dificultades para construir una mayoría estable y el creciente desgaste político del Gobierno hacen que la discusión sobre unas hipotéticas cuentas para 2027 parezca más un ejercicio de comunicación política que una prioridad legislativa inmediata.
Además, el anuncio coincide con un momento especialmente delicado para el PSOE. Las investigaciones judiciales que afectan a distintos cargos y exresponsables socialistas, incluido su expresidente Rodríguez Zapatero, los informes de la UCO, las declaraciones ante los tribunales y la continua aparición de nuevas informaciones sobre diversos casos mantienen la presión política sobre La Moncloa. En este contexto, la oposición interpreta la apertura del debate presupuestario como un intento de desplazar el foco mediático hacia cuestiones económicas y alejarlo de los problemas que actualmente ocupan titulares y debates parlamentarios.
El argumento del Gobierno es que España necesita estabilidad y planificación económica. Sin embargo, sus críticos recuerdan que la estabilidad no se construye únicamente anunciando presupuestos, sino logrando los apoyos necesarios para aprobarlos. Y hoy, esos apoyos parecen más frágiles que nunca.
Por ello, cada vez son más quienes consideran que hablar de los Presupuestos de 2027 sin tener garantizada una mayoría parlamentaria sólida se asemeja más a una operación de distracción política que a una verdadera hoja de ruta para el país. Una estrategia destinada a cambiar el tema de conversación en un momento especialmente incómodo para el Ejecutivo.
La gran pregunta es si los ciudadanos seguirán ese cambio de foco o si, por el contrario, continuarán observando con atención las investigaciones judiciales y los problemas políticos que rodean al Gobierno. Porque anunciar presupuestos es relativamente sencillo; conseguir que sean creíbles es otra cuestión muy distinta. Y yo no veo que en los bares y terrazas españoles cambiemos los juicios de Koldo, Ábalos, Cerdán, mascarillas, Zapatero, el hermanísimo músico o la esposa profe, por una discusión presupuestaria de barra de bar…