La pérdida de la mayoría absoluta en las próximas elecciones municipales en Granollers

Más de cuarenta años de alcaldes socialistas en la vida de una ciudad es mucho más que una simple cifra en los libros de historia. Han terminado por difuminar las fronteras entre la institución y las siglas de un partido, creando una inercia que parecía inquebrantable. Sin embargo, las estructuras que se creen eternas suelen ser las que peor resisten el desgaste del tiempo.

Cristina Tarrés observant la Porxada i l'ajuntament
photo_camera Cristina Tarrés observando la Porxada y el Ayuntamiento

Y esto es lo que ocurre con la hegemonía socialista en Granollers. Los últimos sondeos no solo han encendido las alarmas en los despachos oficiales, sino que han puesto en alerta un sentimiento que flota en el ambiente de nuestras calles, desde la Porxada hasta los barrios más alejados del centro: el PSC se encamina, como mínimo, a perder la mayoría absoluta en las próximas elecciones municipales.

Este desplome no es un accidente geográfico ni un fenómeno meteorológico imprevisto. Es el resultado directo de una profunda y prolongada desconexión. Las encuestas reflejan un veredicto ciudadano implacable frente a una parálisis que ya no se puede disimular bajo la propaganda oficial.

Granollers arrastra, desde hace tiempo, los síntomas de una gestión agotada, caracterizada por una alarmante incapacidad para seguir gobernando con la altura de miras que una capital de comarca exige. La confianza, ese hilo invisible pero firme que une a los gobernantes con sus vecinos, se ha quebrado de forma irreversible.

Y no solo se ha roto entre aquellos que buscaba una alternativa, sino en el propio corazón de su base electoral. El desencanto se ha instalado en esos votantes de toda la vida, que hoy contemplan con desencanto, cómo el proyecto que un día dinamizó la ciudad se ha convertido en una maquinaria burocrática alejada de la realidad.

El núcleo de este desencanto ciudadano radica en tres carencias flagrantes que definen el día a día no solo del consistorio sino de la ciudad. ¿Cuáles? La falta de una comunicación honesta, la incapacidad estructural para dar solución a los problemas cotidianos y la alarmante sensación de que el actual equipo de gobierno ya no sabe qué hacer con el futuro de Granollers.

Gobernar no consiste en atrincherarse en las mayorías para aplicar el silencio administrativo por respuesta. Los vecinos se topan a diario con un muro invisible cuando intentan trasladar sus demandas. Existe un vacío comunicativo donde las quejas por el estado de las calles, la inseguridad percibida o la falta de dinamismo comercial caen en saco roto.

El actual gobierno municipal está gobernando de espaldas a la ciudadanía, confundiendo la estabilidad institucional con un absoluto inmovilismo. Cuando una administración pierde la capacidad de escuchar automáticamente pierde la legitimidad para liderar.

El síntoma más evidente de este fin de ciclo no se encuentra en las palabras de la oposición, sino en las propias acciones desesperadas del gobierno municipal. La campaña electoral ya ha comenzado de manera oficiosa y su rastro es perfectamente detectable en las cuentas públicas. La desesperación tiene un precio muy concreto y cuantificable en esta ocasión. Una modificación presupuestaria de última hora para este año 2026 que inyecta una partida de 1,6 millones de euros directos a cubrir los gastos ordinarios  aumentando las partidas, sobre todo, de limpieza y mantenimiento.

Es una maniobra clásica, de manual, pero que en el Granollers de hoy resulta hiriente por lo evidente de su oportunismo. Durante años, la ciudadanía ha convivido con aceras agrietadas, zonas abandonadas, suciedad crónica en múltiples rincones y parches provisionales que apenas duran mediodía. Sin embargo, ante la cercanía de las urnas y el miedo real a perder el control absoluto del pleno, se activa de urgencia el dinero público. Lo que no han sido capaces de planificar, cuidar ni mantener durante un mandato entero, pretenden solucionarlo ahora a la desesperada en unos pocos meses, regando la ciudad con un millón y medio de euros de última hora.

El despliegue ya empieza a ser visible. Los camiones de limpieza que antes escaseaban se multiplican por momentos y las cuadrillas municipales se apresuran a tapar, a contrarreloj, los agujeros que salpican la vía pública. Se busca generar un espejismo óptico de eficiencia instantánea, un lavado de cara exprés para que los vecinos olviden el abandono de los últimos años justo antes de ejercer su derecho al voto.

Es el uso de los presupuestos como herramienta de salvación partidista es una estrategia que subestima profundamente la inteligencia de la ciudadanía de Granollers. El dinero que pertenece a todos los contribuyentes se convierte así en el fondo de maniobra para una campaña electoral diseñada desde el pánico a perder el poder.

Esta forma de proceder nos aboca a un escenario de desesperación total. Una ciudad no puede gestionarse a golpe de impulsos electorales ni mediante parches de última hora financiados a base de modificaciones presupuestarias de urgencia. La improvisación degrada las instituciones y destruye cualquier planificación seria a corto y largo plazo.

Si los problemas estructurales de Granollers se reducen a un ejercicio cosmético de asfalto y limpieza, justo antes de las elecciones, el día después de los comicios la ciudad volverá a caer en la misma parálisis de siempre, pero con las arcas públicas más vacías y los problemas de fondo intactos sin resolver como el aumento de la inseguridad que vamos de mal a peor.

Esto es algo que los ciudadanos ya no se pueden ni se van a permitir. El Granollers del siglo XXI no puede seguir tutelado por una inercia de más de cuarenta años que hoy solo ofrece parches y desatención. La exigencia democrática y la dignidad de los vecinos están muy por encima de los intereses de supervivencia de unas siglas.

El truco de tapar los baches a meses de las elecciones para esconder la falta de ideas ya no surte efecto. La pérdida de la mayoría absoluta no será un castigo injustificado, sino la consecuencia lógica de un gobierno que olvidó su obligación de escuchar y servir a la ciudadanía de manera constante, y no solo cuando el calendario electoral le aprieta el zapato. La reconstrucción de la confianza y el futuro de Granollers comienzan por no tolerar el engaño de la desesperación.

# RecuperemGranollers

Cristina Tarrés

Portaveu del GM Vox