Juguemos a política ficción

¿Y si pudiéramos romper el sistema tal y como lo conocemos sin necesitar un alzamiento armado o una sangrienta revolución? ¿Y si pudiéramos hacer la tortilla sin romper los huevos?

Superar las dos Españas

Lo dijo en su día el general Charles de Gaulle, fundador de la Quinta República Francesa, quien buscaba superar la tradicional división partidista francesa para enfocarse en la unidad nacional:

“Ser gaullista es ser de izquierdas y de derechas al mismo tiempo. Francia es todo a la vez, son todos franceses. ¡Francia no es la izquierda! ¡Francia no es la derecha! (…) Ahora, como siempre, no estoy ni de un lado ni de otro. Estoy por Francia

¿No suena bien? ¿Cabria la posibilidad de olvidarse de las trincheras ideológicas y trabajar juntos por el crecimiento y el bienestar de los españoles?

Evidentemente, y no soy ingenuo, hay diferencias notables en los planteamientos sociales y económicos de unos y de otros que, a mi entender, no deberían ser obstáculo para llegar a grandes acuerdos nacionales para despojar de política partidista los grandes intereses de país: educación, sanidad, futuro para los jóvenes, investigación, seguridad, energía, cuidado de nuestros mayores...

Todos, sin duda todos, queremos lo mejor para los nuestros y eso debe traer acuerdos. Luego vendrán los debates, las luchas en el Congreso y en la opinión pública para hacerse con un poder ejecutivo que derive en unas formas de gobernar propias de cada cual.

Pero lo que es claro y diáfano es que, si seguimos en el camino de la polarización extrema de la actual situación política, jamás podremos construir juntos un futuro para todos. Lo que construya uno, lo derribará el otro cuando le suceda en el poder. El barco dará bandazos, hacia un lado y hacia el otro y nunca llegará a buen puerto.

La política partidista, o sea, el juego de partidos que estira al electorado hacia su terreno a base de hundir, menospreciar, vilipendiar... al oponente, no trae más que miseria, migajas cuando ganas y odio cuando pierdes.

No me olvido de los independentistas. Los hubo, los hay y los habrá en esta España plural. Su modus vivendi es la destrucción del Estado desde dentro y provocan continuamente el desgaste de las instituciones y la confrontación. Eso no es nuevo. Pero... en la medida que exista un proyecto ilusionante como pueblo que consiga superar los enfrentamientos de partido, territoriales y de clase (a los que la izquierda woke ha sumado las luchas entre géneros), se convertirán en irrelevantes como lo fueron tiempo atrás.

¿Es mucho pedir a nuestros políticos que tengan altura de miras y busquen el bien común por encima de su propio éxito?

Con un rearme cultural de la sociedad española basado en la solidaridad personal y territorial, en la tradición cultural y humanista que nos transmite el cristianismo; el viraje de nuestros políticos será posible.

Una neo economía

El sistema capitalista en el que estamos inmersos debería modularse para garantizar una justicia social alejada de la benevolencia y la caridad. La protección social no debe entenderse únicamente, como ocurre en la actualidad, con un sistema de subsidios, becas y prestaciones económicas, sino que el Estado debe ofrecer a cada ciudadano los medios y las oportunidades para progresar económica y socialmente de manera justa conforme al esfuerzo y potencialidades de cada cual. La meritocracia debería ser, entonces, el mecanismo de desarrollo personal y social de las personas, sean hombres o mujeres en igualdad de oportunidades.

La protección de las pequeñas y medianas empresas, de las cooperativas y de los autónomos debería ser una prioridad, para un Estado que valorara la producción nacional y cercana a las personas.

Los acuerdos entre empresarios y trabajadores deberían regirse por estrictos protocolos nacionales y no por la lucha de clases que degrada las relaciones y abre trincheras.

La vigilancia del mercado y de los sectores económicos estratégicos como el sector energético, el tecnológico, el Industrial aeronáutico, naval y automotriz, el agroalimentario, el de las infraestructuras de transporte y el financiero; debería potenciarse desde los poderes del Estado bajo políticas estratégicas y no ideológicas, de manera que asegurara el desarrollo productivo del país y el progreso económico.

Hispanoamérica

Se empiezan ya a alzar voces de ciudadanos, de políticos y de intelectuales que reclaman la reunificación de Hispanoamérica. No para revivir el pasado, sino para construir el futuro. No para recrear el pasado imperio, sino para crear una poderosa entidad económica y política con supremacía en el mundo.

Cuando dejemos de fustigarnos con la leyenda negra que creó el mundo anglosajón para sacarnos del tablero. Cuando analicemos, sin complejos, las nefastas consecuencias de la hiper fragmentación que sufrió la América Hispana para cada uno de los Estados y para la propia España. Cuando comprendamos que unidos seriamos la potencia económica, política y social mayor del mundo, con una población de más de 450 millones de habitantes, y con un potencial económico nunca visto: mercado único y libre, recursos naturales, financieros, culturales, paisajísticos, tecnológicos... Entonces la idea dejaría de serlo y se convertiría en realidad.

España debería mirar de nuevo a América y considerar fortalecer los lazos que nos unen: misma cultura, misma religión, misma lengua... y un futuro muy esperanzador, si nos ponemos a ello. Los países hispanos deberían entender que el mismísimo Bolívar vería con agrado la reunificación pacífica, económica y quizás política que llevara a sus ciudadanos al primer orden mundial.

Quizás sea el momento de empezar a hablar con propiedad y reconocernos como ciudadanos pertenecientes a Las Españas, siendo estas: ricas, plurales y a la vez singulares, en toda su diversidad, pero con un futuro ilusionante común.

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