La agenda internacional de nuestro presidente

Cuando las cosas pintan feas en casa, mejor alejarse. Este debe ser el slogan que se repite nuestro presidente y no le falta razón. Cuando las realidades domésticas le acosan y castigan a diario con los escándalos de presunta corrupción llevados ahora a los tribunales, el Falcon levanta vuelo y llega a China con varios días de adelanto a la reunión con Xi Jinping.

Sánchez relajado pasando de todo
photo_camera Sánchez relajado pasando de todo

En China, Sánchez se erige de garante de la paz, del orden internacional y del respeto a los derechos humanos. Y lo hace curiosamente en China donde todo el mundo sabe que (quizás nuestras izquierdas y Sánchez no) se vulneran a diario estos derechos.

Pero por desgracia, nuestro presidente no levanta la voz para denunciar al gobierno chino, sino para blanquearlo y masajearle solicitando su intervención "en beneficio de la paz mundial".

 No es novedad. El sanchismo (y lo que está a su izquierda) ya ha cometido el mismo error con otros regímenes más cercanos a dictaduras que a democracias. Se alineó en su día con el chavismo de Venezuela, con el castrismo de Cuba, con el terrorismo de Hamas y ahora con el régimen de los ayatolás de Irán.

No digo yo que EEUU e Israel no deban rendir cuentas por sus actos en los órganos internacionales creados en su día precisamente para intentar resolver conflictos y evitar los enfrentamientos bélicos, pero me parece sospechoso y doloroso que los dirigentes de nuestro país sean continuamente felicitados y aplaudidos por los dirigentes más autocráticos del mundo que tienen a sus poblaciones bajo un estricto control donde la libertad brilla por su ausencia.

Parece demostrarse que para sacudirse el acoso mediático de los casos judiciales que le atañen, Sánchez busca, en la política internacional, el salvavidas a su maltrecha imagen. Haciéndose grande fuera de nuestras fronteras pretende ocultar, bajo el peso de la novedad informativa y los titulares que se derivan, todo el desgaste nacional que sufrimos: precios desorbitados de las viviendas, caos ferroviario, sanidad y educación por los suelos, falta de presupuestos, debate sobre inmigración y del reparto de menores no acompañados, regularización masiva de inmigrantes, poder judicial cuestionado por los mismos ministros, inseguridad ciudadana, blanqueo de la ocupación de viviendas, imposibilidad de un futuro digno y emancipado para los jóvenes, aumento fiscal nunca visto, servicios públicos colapsados...

Y a todo esto, siguen los discursos internos para las elecciones autonómicas. Después de la debacle socialista en Extremadura, Aragón y Castilla y León, la atención de Ferraz se centra en Andalucía. Deben darle todo el apoyo a María Jesús Montero porque lo va a necesitar. Pocos argumentos le quedan para convencer a los indecisos, ya que el voto de los fieles lo tiene asegurado. Estos, aunque fuera la señora Montero a robarles o ocuparles la casa en persona, seguirían votando al PSOE por miedo a la ultraderecha.

Así la exvicepresidenta basa su campaña en "defender los servicios públicos" y ataca a Bonilla por el caso de las mamografías, cuando el protocolo seguido por el sistema sanitario andaluz fue el que instauró la misma Montero cuando fue consejera de Sanidad de la comunidad. Contradicciones chocantes que nadie quiere ver.

Y mientras los españoles nos perdemos en fatuos debates y discursos, la casa sigue sin barrer.

Ya se vayan nuestros gobernantes al extranjero a salvar el mundo o vayan a prometer el oro y el moro en las elecciones autonómicas; el caso es que España se deshace como un azucarillo, zarandeada por unos y por otros, haciéndonos cada día más pobres y con menos futuro.

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