IU rescata a Podemos en el último minuto: la izquierda andaluza vuelve a coserse deprisa y corriendo

Cuando parecía que la fragmentación de la izquierda andaluza iba camino de convertirse en sentencia definitiva, llegó el giro de guion de última hora. Izquierda Unida ha decidido finalmente integrar a Podemos en su lista de confluencia para las próximas elecciones en Andalucía, junto a Sumar.

Un acuerdo in extremis que evita —al menos sobre el papel— la temida división del voto progresista, pero que también deja al descubierto las costuras de un espacio político que lleva años moviéndose entre la desconfianza interna y la necesidad electoral.

Antonio Maillo, lider de IU y cabeza de lista de las izquierdas en Andalucía
photo_camera Antonio Maillo, lider de IU y cabeza de lista de las izquierdas en Andalucía

Un pacto obligado más que ilusionante

La negociación ha sido todo menos sencilla. Durante semanas, la posibilidad de que Podemos quedara fuera del bloque de izquierdas no solo era real, sino que muchos la daban por inevitable.

Sin embargo, el miedo a una debacle electoral —con el voto fragmentado y el riesgo de irrelevancia— ha acabado imponiéndose. IU ha abierto la puerta en el último minuto, integrando a Podemos en una candidatura que también busca aglutinar a otras sensibilidades del espacio progresista. No es tanto un proyecto común como una suma de urgencias.

El fantasma de la desaparición

El movimiento no se entiende sin el contexto. Podemos lleva tiempo perdiendo peso político, territorial y electoral. Andalucía, donde ya sufrió un fuerte retroceso en anteriores citas, se había convertido en un escenario especialmente delicado. Ir en solitario podía suponer algo más que un mal resultado: podía significar directamente la irrelevancia institucional.

IU, por su parte, tampoco está para excesos de orgullo. Sabe que la unidad —aunque sea forzada— es la única manera de competir en un tablero cada vez más polarizado. La izquierda que se une… cuando no queda otra pero el acuerdo llega tarde, muy tarde. Y eso no es un detalle menor.

Porque transmite una imagen que el electorado ya conoce demasiado bien: la de una izquierda que pasa meses enredada en debates internos, para acabar cerrando pactos en el último suspiro, más por supervivencia que por convicción.

Unidad sí, pero ¿para qué?

La pregunta es inevitable: ¿puede generar ilusión un proyecto que nace así?

La confluencia evita el peor escenario —la división total—, pero no resuelve el problema de fondo: la falta de un relato claro, de liderazgo sólido y de una propuesta que conecte con un electorado cada vez más desconectado de estas siglas.

Porque la unidad no es un fin en sí mismo. Es, en todo caso, una herramienta. Y en Andalucía, la izquierda parece haber vuelto a utilizarla como parche de última hora.