¡Suelten lastre! ¡Adiós Marisú, adiós!

Cuando una nave zozobra intenta recomponerse al grito de su capitán: «¡Suelten lastre!». Es decir, lanzar por la borda todo lo que sobra con el objetivo de mantenerse a flote. Al menos durante el tiempo que puedan robarle al destino inmediato de hundimiento.

Adiós Marisú, adiós
photo_camera Adiós Marisú, adiós

Si algo debe reconocerse al presidente Sánchez es la capacidad camaleónica de reinventarse y sobrevivir. Y así lo hace una vez más. Con el objetivo de alargar al máximo su legislatura suelta lastre en forma de ministras señaladas.

Lo hizo con la exministra de Educación y portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, enviándola a su harakiri en Aragón. No en vano, en sus últimos coletazos en el Gobierno tuvo que soportar la presión de los medios por su reunión con Paco Salazar. La propia ahora exministra, reconoció como «un error» una comida mantenida con el ex alto cargo de la Moncloa y del PSOE, tras conocerse denuncias internas por presunto acoso sexual contra él. El encuentro provocó críticas políticas que el Gobierno intentó esquivar argumentando que la reunión se enmarcaba en el ámbito privado.  Estaba ya sentenciada.

El segundo caso afecta a la exvicepresidenta primera y exministra de Hacienda, María Jesús Montero. Después de los numerosos casos que la relacionan con la presunta corrupción su salida del Gobierno español, como lastre que llama demasiado la atención de los medios, era cosa cantada. Recordemos a modo de síntesis: su papel en los ERE, donde, como consejera andaluza, se negó a reclamar la devolución de los 680 millones de euros defraudados, la oportuna vista gorda que Hacienda ha hecho tanto con el hermano de Pedro Sánchez, como con el caso de los hidrocarburos y las mascarillas; los contactos bajo mordida de su jefe de Gabinete con la trama Koldo y Aldama; su propia implicación en el polémico rescate de Air Europa; sus curiosas declaraciones en los días en que se gestó la filtración contra el novio de Ayuso y su reciente "compra" de la Alcaldía de Jaén. Así que la que parecía que podía convertirse en la sucesora de Sánchez cuando este dejara la política para vivir del cuento, ha sido arrastrada hasta unas elecciones en Andalucía que parece que va a perder inmisericordemente.

La mujer que presume de haber tenido en sus manos el mayor poder que nunca antes tuvo una mujer en España (sin ánimo de spoiler, eso es absolutamente falso), acabará, si nadie lo remedia en el banquillo de la oposición en una comunidad autónoma. Y gracias. Para cubrir sus cargos Sánchez ha nombrado como vicepresidente primero a Carlos Cuerpo, un hombre de perfil técnico y sin carné del PSOE, para capear la crisis. Si triunfa se apuntará él el tanto, si no siempre podrá decir que el PSOE no fue responsable. Y en el ministerio de Hacienda ha colocado a Arcadi España, una persona de la corriente federalista del PSOE que se entenderá perfectamente con Junqueras para legalizar la cesión del IRPF a Cataluña y conseguir la financiación singular que tantos quebraderos de cabeza le dio a la anterior titular (Montero) que cuando era consejera en Andalucía defendía lo contrario y ahora se la pillaba en el renuncie.

Esta estrategia de «soltar lastre», ¿será suficiente para mantener la nave a flote? Históricamente, cuando un presidente renueva profundamente su equipo o desplaza a sus escuderos más fieles, puede interpretarse como un síntoma de agotamiento del proyecto original.

Más en La Opinión de Carles Viñallonga